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miércoles, septiembre 9, 2026

El saencismo quiere tener otra moneda de cambio en el Congreso para negociar con Milei

“Primeros los salteños” arrancó su campaña en la UNSa, con consignas obvias y con la idea de engordar su plantel para ir por las dádivas que les da el presidente.

En los últimos dos años el saencismo descubrió que los escaños en el Congreso no son -para ellos- bancas de representación, sino fichas para apostar en la ruleta de la política nacional. Por eso, en plena crisis económica y social, su obsesión no es mejorar la vida de los salteños sino asegurarse otra banca para negociar con la Casa Rosada.

Gustavo Sáenz, que hace rato eligió el camino de la ambigüedad -criticar con medias tintas al Gobierno nacional mientras le levanta la mano en el Parlamento-, necesita engordar su plantel de legisladores como quien junta dólares en el colchón. Sabe que cada voto vale oro en el Congreso y que Milei paga mejor con dádivas y prebendas que con diálogo.

En ese marco, el frente “Primeros los salteños” lanzó su campaña de acara a los comicios de octubre próximo. Sus principales candidatos, Flavia Royón (candidata a senadora) y Bernardo Biella (candidato a diputado) lanzaron la campaña en la Universidad Nacional de Salta.

La elección del lugar del lanzamiento llamó la atención de propios y extraños, ya que en las últimas sesiones el saencismo hizo equilibrio entre dar o no quórum en la cámara baja para no tratar proyectos como el financiamiento universitario, que después terminaban aprobando.

La jugada del saencismo no sorprende, porque convirtieron la política en un regateo de feria. Lo que debería ser representación federal se transformó en mercadería de trueque. Diputados y senadores usados como fichas para “sacar algo” supuestamente para la provincia, aunque el costo sea avalar recortes, silencios cómplices y políticas que hunden más a los salteños.

En definitiva, lo que el saencismo pretende no es dar pelea por la provincia en el Congreso, sino asegurarse un nuevo peón en el tablero de Milei. Un oportunismo que desnuda la esencia del proyecto: acumular poder propio, aunque sea a costa de hipotecar la representación salteña.

Porque cuando la banca se transforma en moneda de cambio, el pueblo deja de ser protagonista para convertirse en simple espectador de un negocio cerrado entre cúpulas. Y el saencismo, otra vez, demuestra que su prioridad no son los salteños, sino las fichas que le garanticen seguir sentado en la mesa chica del poder.

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