El vínculo de Outes con los productos de hormigón tiene sus orígenes en su carácter de esposo y figura en la conformación de una sociedad por esa condición, no por haber aportado capital alguno.
El diputado nacional y ex coordinador político del Gobierno provincial, forma parte de una empresa familiar de productos de hormigón, tal como lo confirmó la propia presidenta de la firma ABE S.A., sin embargo, sus inicios en el rubro dan cuenta de que siempre dependió de terceros o de una posición de poder darle viabilidad a los negocios.
El precedente de ABE S.A, que de hecho funcionaba en el mismo predio del Parque Industrial de General Güemes, es el “Grupo Güemes S.R.L.”, conformado en el año 2010, allí aparece el nombre de Pablo Outes aunque no como socio fundante aportando algún capital, sino como esposo de quién sí lo hizo, la comerciante Ana Inés López Fleming, quien junto a un arquitecto de apellido Barron, aportaron el capital inicial para la empresa.
Cómodo en su rol ejecutivo sin haber puesto un ‘mango’, Outes es aún recordado por haber actuado con despotismo ante un accidente de trabajo que dejó en discapacidad a un trabajador en el año 2011.
Con esos antecedentes, seis años después, se conforma ABE S.R.L bajo la titularidad de la escribana María Elena Jiménez, madre de Pablo Outes, ya en ese entonces funcionario de alto rango en la Municipalidad de Salta y por decisión de Sáenz, pocos años después, ocurrió lo propio pero en el Gobierno provincial.
Esta semana Jiménez negó ser testaferro de la firma pero sí reconoció que se trata de una empresa familiar en la que su hijo Pablo Outes, trabaja hace años, dejando con constancia de que el excoordinador de Enlace y Relaciones Políticas del Gobierno, incurrió en negociaciones incompatibles con la función pública, toda vez que los compradores eran municipios salteños.
Como se observa, más allá de que se pretenda acreditar algún tipo de trayectoria en el rumbo, lo cierto es que los negocios se desarrollaron con el método del condicionamiento valiéndose de su posición de poder, lo que se conoce popularmente con la frase “la vaca atada”, es decir ejecutar el ordeñe con seguridad y sacando provecho de ello, bien parecido a lo que hizo durante los últimos años.
Flagrancia | Adoquines y negociaciones incompatibles con la función pública
