El deterioro en la seguridad lleva unos cuantos años en la provincia. Sin embargo, en las últimas semanas se conocieron varios homicidios, un aumento en los siniestros viales y la sensación de vulnerabilidad va creciendo.
En los últimos años, los salteños somos testigos de un preocupante deterioro en la seguridad. Según datos oficiales, los índices de criminalidad han aumentado, y la respuesta del Gobierno de Gustavo Sáenz ha sido insuficiente. Esto ha generado una sensación de vulnerabilidad e incertidumbre entre los ciudadanos, quienes consideran que la seguridad no está siendo tratada como una prioridad.
La sensación de fragilidad tuvo su pico en los últimos días, en donde se conocieron varios hechos de inseguridad: el doble crimen de una joven y su padre en la zona este de la ciudad, el crimen del bagayero en Orán, el crimen de Cristian Saravia en Colonia Santa Rosa. También se cometieron homicidios en Tartagal, en La Silleta, en Quebrachal. Ni hablar de los crímenes con tintes mafiosos que se sufren en todo el norte fronterizo.
A pesar de las promesas de mejorar la situación, los recursos asignados para combatir la delincuencia y garantizar la tranquilidad en las calles parecen ser insuficientes. Los cuerpos policiales están desbordados y carecen del apoyo necesario en términos de tecnología, capacitación y presencia. La falta de patrullajes efectivos y la limitada inversión en programas de prevención del delito agravan aún más la crisis de seguridad.
Además, muchas zonas rurales, al estar alejadas de los principales centros urbanos, sufren de una mayor falta de vigilancia, lo que las convierte en blanco fácil para actividades delictivas, como ocurre en las localidades del departamento Rivadavia.
La ciudadanía, en consecuencia, ha comenzado a organizarse por su cuenta en algunos lugares, lo que refleja la desconfianza hacia las autoridades locales.
Los femicidios van en aumento y la sensación es que nadie hace nada. Solo en unos pocos días, encontraron el cuerpo de Brenda Bataches, con signos de violencia, bajo el puente de Santa Lucía. La joven estaba reportada como desaparecida desde 2017. Desde hace varias semanas que buscan a Jésica Gutiérrez en La Caldera sin ninguna pista. Los vecinos, más allá del esclarecimiento del hecho, piden mayor presencia policial, porque el desamparo es muy fuerte.
En lo que tiene que ver con la seguridad vial, la cosa no cambia demasiado. En las últimas semanas se conocieron varios siniestros con víctimas fatales en distintos puntos de la provincia, llevando la cantidad de fallecidos a casi 100 en lo que va del año.
Es evidente que la seguridad debe ser una prioridad para cualquier gobierno que desee garantizar el bienestar y la prosperidad de sus ciudadanos. Sin embargo, en la provincia, esta necesidad básica parece haber sido relegada, lo que expone a la población a un riesgo constante. Es crucial que se tomen medidas inmediatas y efectivas para revertir esta situación, devolviendo la tranquilidad a los habitantes y restaurando la confianza en las instituciones encargadas de protegerlos.
