«¡De guapo a mi no, eh! ¡Si vamos por guapos, somos todos guapos!». De esa manera apuró, con tono de pocos amigos, a un trabajador precarizado de Salud que reclamaba pasar a planta permanente. Con una actitud prepotente y alegando no conocer el reclamo, el (todavía) gobernador dejó otra nefasta imagen que comprueba que en Salta ya no es bien recibido.
Doce años de gestión, cifras altísimas de pobreza y desempleo. Esas son algunas de las consecuencias que deja Juan Manuel Urtubey, un mandatario que poco y nada se lo ve gobernando la Provincia y que seguramente no será bien recordado.
Ayer, tal como sucedió en otras oportunidades, trabajadores que hace nueve años desempeñan tareas en condición de contratados, con sueldos que no superan los siete mil pesos, aprovecharon la presencia, del gobernador en la Provincia, y fueron a reclamar el cumplimiento de un acuerdo firmado el siete de junio, pero aún no reconocido por el gobierno provincial.
No es una novedad señalar que a Urtubey se lo nota molesto cuando se encuentra en Salta: a diferencia de su salida en medios porteños donde se lo observa a gusto, aquí los escasos días en que se lo encuentra suele estar de mal humor y desganado.
Esto quedó de manifiesto nuevamente. «¡De guapo a mi no, eh! ¡Si vamos por guapos, somos todos guapos!». De esa manera apuró con tono de pocos amigos a un humilde trabajador.
Luego habló con uno de los delegados, al que le pidió le haga “un listado” de los trabajadores que se encontraban en dicha condición. Lo que llamó la atención, más allá de todo el hecho, fue que la cara de Urtubey demostraba el total desconocimiento que tenía sobre la situación de los precarizados.
En un video que se viralizó se puede escuchar que, de manera displicente, le dice a uno de los delegados: “Pará, pará, pará, ¿quién cobra dos mil quinientos pesos?”, mostrando que no estaba enterado de los pocos pesos que cobran los empleados precarizados de la salud salteña.
La molestia del gobernador iba creciendo a medida que escuchaba los reclamos de los manifestantes, y el enojo en su rostro era indisimulable.
Finalmente, y para zafar de la situación, Urtubey les aclaró que por ley, él no puede designar gente en planta permanente. Interpuso la frialdad y se cerró frente a un pedido desesperado.
A los minutos, el ministro Roque Mascarello salió a “salvarlo”, y contó que desde el Ministerio todavía no se ha podido comprobar la antigüedad de los trabajadores. Visiblemente ofuscado, y con un enorme acuyico, les dijo a los precarizados que él también está haciendo “lo humanamente posible”, aunque los criticó por decir que “estaban enceguecidos con la planta permanente”.
El desborde evidente que demostró deja un material positivo para la reflexión: manejar la provincia por control remoto como lo hizo Urtubey en los últimos años no solo tiene consecuencias graves para la institucionalidad sino que convierte al gobernador en un hombre ajeno a la vida de los salteños.
