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miércoles, junio 19, 2024

Juzgan a líderes de templo a San La Muerte que prostituían mujeres en el bajo salteño

En el Tribunal Oral Federal N°2 de Salta, integrado por los jueces Batule, Catalano y Fleming, inició el juicio contra Jorge Juan Soria Villalba y su pareja María Ester Arroyo por el delito de trata de personas con fines de explotación sexual, delito agravado por el uso de intimidación y por la calidad de ministros religiosos de las personas imputadas, y concursa de forma real con lesiones leves.

Según informó el Ministerio Público Fiscal de Salta, tanto Soria Villalba como Arroyo llegaron en calidad de coautor y coautora en ambos casos y en perjuicio de dos víctimas.
Los hechos investigados tuvieron como epicentro el santuario que los acusados dirigían, ubicado en calle 16 de Septiembre 338, en Villa San Antonio, a pocas cuadras del casco céntrico de la capital provincial.

El fiscal dijo que las personas acusadas no se conformaron con quebrar la voluntad de las víctimas, sino que las “exprimieron” al máximo, ya que se probó que no sólo ejercían un control de los servicios sexuales, sino también que las tenían bajo vigilancia constante y que incluso promovieron que una de las mujeres ejerza esa actividad en provincias vecinas y también en Bolivia.

La metodología de la trata mística

El fiscal general explicó que la pareja, cuyos integrantes se hacían llamar “Pae” y “Mae”, captaba a personas en estado de vulnerabilidad, que luego eran explotadas en su beneficio y para lo cual se valían de actividades religiosas dirigidas a venerar a San La Muerte, dentro del credo Umbanda y Kimbanda.

Lo más escabroso del asunto, según expuso la fiscalía, es que las víctimas eran intimidadas con el pretexto de que las deidades a las que se veneraba en el templo “estaban molestas por su falta de devoción”. Además señalaron que “los acusados nunca brindaron una explicación lógica, sino apelaban al secretismo y a los niveles de jerarquía espiritual para dar acceso a mayor conocimiento”.
Incluso señalaron que que con esta estructura religiosa, la pareja acusada logró que dos mujeres, en busca de esas promesas, accedieran al ejercicio de la prostitución.

“Se trata de un caso con una alta complejidad en materia de investigación, en la cual la víctima es primordial y se debe cuidar mucho su situación”, sostuvo el fiscal, quien aseguró haber reunido numerosos elementos de prueba, tarea en la que contó con la colaboración de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX).

Testimonios en primera persona

En las primeras jornadas del juicio pudo escucharse la versión de un testigo clave, que trabajaba para la pareja acusada bajo el rol de “Cambon”, una especie de sirviente que asistía al “Pae” o la “Mae”. Además era pareja de unas de las mujeres prostituidas.
Así también relató que solo un grupo selecto participaba en los ritos y “todo se manejaba siempre bajo secreto”. “Yo estaba al tanto. Los servicios los hacían en un hotel de la ciudad y todo era controlado por el Pae y la Mae”, resaltó.

En ese contexto, el testigo confirmó que su exnovia también ejerció la prostitución en otras provincias vecinas y en un motel de Bolivia, lo cual -según dijo- fue sugerido por los dos acusados, quienes nunca cesaron de hacerle reclamos de supuesta falta de obediencia o devoción a la “entidad” de su predilección.

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