La irrupción de La Libertad Avanza en la política generó un tambaleo en partidos como el PRO. En Salta, el cambio de bando de varias de sus “figuras” ocasionó nuevas tensiones.
La llegada de La Libertad Avanza (LLA), liderada a nivel nacional por Javier Milei, ha transformado significativamente el panorama político argentino, generando tensiones y crisis en partidos tradicionales de centroderecha como el PRO. Esas tensiones crecen a diario en provincias como Salta, debido al pase de militantes de un espacio a otro, en el medio de un año electoral complejo.
Desde su ascenso, LLA ha implementado políticas neoliberales radicales, incluyendo recortes agresivos en el gasto público y la promoción de la dolarización de la economía, lo que ha polarizado a la sociedad y plantea, en principio, un escenario entre LLA y el peronismo, dejando en segundo plano al PRO y sus aliados.
A este complejo panorama, en Salta, además, se suma otro actor determinante: el saencismo. El espacio del gobernador tiene la capacidad de convertirse y mimetizarse, sin tapujos, dentro del discurso oficial, generando crisis en partidos que son oficialistas a nivel nacional, pero opositores en la provincia. Pasó con el PRO, con el peronismo y ahora con LLA.
El sensismo ahora se encuentra construyendo un espacio “libertario” propio, con Alberto “Beto” Castillo a la cabeza, en donde empezó a acumular dirigentes. Ya sumó a la ex LLA Griselda Galleguillos (diputada provincial) y a la empresaria exbettinista, Carlos Ramos.
En este marco, LLA y el PRO, cuando todo parecía que estaban muy cerca de lograr una agenda común y llegar a los comicios provinciales con alguna esperanza de unidad, empezaron los cambios de partido (de un espacio a otro) de sus dirigentes.
La influencia creciente de LLA ha provocado deserciones dentro del PRO, con varios dirigentes uniéndose a las filas de Milei, exacerbando la inestabilidad interna del partido fundado por Mauricio Macri. Aunque se han considerado alianzas entre el PRO y LLA para futuras elecciones, las diferencias en liderazgo y control han impedido una colaboración formal.
Por ejemplo, Pablo López se sumó al oficialismo nacional, mientras que al PRO desembarcó Alba Quintar. También está el caso de Inés Liendo, una de las principales dirigentas del PRO salteño, que, se sabe, tiene todo el deseo puesto en dar el salto a LLA. Lo único que la frena es que ella entiende que, de sumarse a las huestes libertarias, quedará bajó el mando de Alfredo Olmedo y de Emilia Orozco y sus siempre complicados celos.
El PRO salteño ahora se ve vaciado de “figuras” con chances ciertas de competir por un cargo provincial. En el medio de una interminable intervención partidaria, el futuro no parece ser esperanzador.
El panorama para la centroderecha salteña podría ser propicio. Pero las desventuras personales, los celos de algunas, la mala lectura y la crisis generada por el saencismo, dejan a este espacio con más dudas que certezas.
