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sábado, mayo 9, 2026

La inutilidad al palo: otra vez se rompe lo mismo y nadie da la cara

Por tercera vez en menos de un año, una pérdida de agua volvió a destrozar el hormigón reforzado de la avenida Belgrano al 900. Obras que se repiten, plata que se evapora y responsables que no aparecen.

La escena ya es un clásico del absurdo urbano salteño: conos naranjas, escombros desparramados, operarios mirando el cráter y una camioneta sin identificación clara. Otra vez, el mismo tramo de hormigón reforzado (para soportar colectivos) cede por una pérdida de agua. Otra vez se rompe lo que supuestamente ya había sido arreglado. Y otra vez nadie explica por qué ni cuánto le cuesta a los salteños.

No se trata de asfalto común sino de una losa pensada para alto tránsito pesado. Si el agua logra socavar semejante estructura una y otra vez, el problema no es la calle: es lo que pasa debajo. O peor aún, lo que no se hace para solucionarlo de forma definitiva.

La pregunta cae por su propio peso: ¿quién ejecutó la reparación anterior? Si fue una empresa privada, debería estar identificada y responder por un trabajo evidentemente defectuoso. Si fue personal de Aguas del Norte, entonces hay responsables técnicos, capataces y supervisores que deberían dar explicaciones.

Mientras tanto, la empresa estatal acumula roturas, parches provisorios y soluciones que duran menos que una promesa electoral. El directorio, encabezado por el también ministro de Gobierno, Ignacio Jarsún, parece mirar para otro lado, como si las pérdidas fueran una fatalidad climática y no el síntoma de infraestructura abandonada o mal intervenida.

Y si la conducción política no puede resolver ni siquiera una fuga doméstica que ya devoró varias veces el mismo pedazo de ciudad, inquieta pensar qué margen de gestión puede mostrar Jarsún desde un ministerio clave.

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