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martes, agosto 18, 2026

La senadora Navarro o cómo elegir tu propia aventura política

Alejandra Navarro juega en el Senado con el saencismo, aunque proviene del kirchnerismo. Representa al departamento de Anta. Se presenta como una legisladora de alta sensibilidad social.

Su narrativa en el recinto suele incluir expresiones en defensa de los más vulnerables: “acompañar a las familias”, “preocuparse por los sectores vulnerables” o “trabajar de manera articulada”. Uno de los temas legislativos recurrentes en su agenda son las adicciones.

Cuida mucho su discurso y evita exponerse frente a los periodistas. No concede entrevistas para rendir cuentas públicas sobre el conocimiento que quiere mostrar en materia de salud mental. Hasta ahora se desconoce qué fortalezas sanitarias posee en diagnósticos situados, indicadores epidemiológicos o cómo pretende “reforzar la prevención” que tanto reclama.

A simple vista, se nota su ductilidad plástica: puede flexibilizarse y estar de los dos lados del mostrador, no le cuesta ser querellante y defensora en la misma causa.

Hace un año presentó en el Senado un proyecto que fue apenas un catálogo de buenas intenciones. Buscaba declarar la Emergencia sanitaria para el abordaje de las adicciones. Desconociendo la ineficiencia para controlar el daño y el pensamiento único que tiene sobre las adicciones el secretario de Salud Mental, Martín Teruel, recibió de este un astuto “Ni sí, ni no”. El proyecto quedó cajoneado en la Comisión de Adicciones, que preside el chicoanese ultra oficialista Esteban D’Andrea, donde seguramente pasará el verano y otras tres estaciones más.

En Salta, la salud mental, la niñez y las adicciones no fracasan por falta de discursos, sino por exceso de consensos que nadie se anima a romper, entre ellos la propia Navarro.

Cuando presentó la iniciativa, reunió a varios colegas “interesados” en el tema y pidió que la provincia gestionara préstamos en dólares con organismos internacionales de crédito para enfrentar el problema de las adicciones. Muy solidaria, se la veía en ese lado del mostrador.

Por su parte, Teruel, el maestro del “Ni sí, ni no”, sabía que la Comisión haría lo suyo: dejar que el proyecto Navarro se congelara por sí mismo. Y volvió tranquilo a sentarse a su despacho.

Pero Navarro es saltimbanqui. Cuando se debatió el arresto por 40 días de los trapitos —algunos con graves adicciones— que, según los senadores, todos no entienden de límites de convivencia y caen en situaciones violentas o perturban el espacio público, la senadora no dijo nada sobre la salud mental de esas personas. Le vino una amnesia selectiva. Olvidó sus mantras de solidaridad social y que los trapitos son parte de la economía de subsistencia. En ese mostrador, el árbol le tapó el bosque.

Durante la reunión con los senadores, previa al debate de ese proyecto enviado por la Intendencia de Salta, el secretario de Seguridad, Nicolás Avellaneda, señaló que muchos trapitos eran adictos y pidió la opinión de Teruel, el funcionario con mayor dedicación al escapismo.

Navarro, autora de la declaración de emergencia sociosanitaria para proteger a los adictos, pasó por alto ese detalle y aprobó en trámite exprés el arresto de todos los trapitos ilegales, incluidos los adictos que un año antes había defendido.

Incansable, cerró días atrás su año legislativo a toda orquesta. Desde el otro lado del mostrador, se presentó en la última reunión de 2025 del burocrático y rimbombante Consejo Provincial de la Niñez y la Adolescencia, representando al Senado. Con semblante empático y gesto solidario, aprobó que los adictos reciban asistencia y rehabilitación. ¡Inefable en sus convicciones sobre salud mental!

En un solo año, Navarro tuvo tres posiciones distintas frente al sufrimiento psíquico de los adictos:

  1. En 2024 quiso protegerlos con la declaración de emergencia por consumo problemático.
  2. En 2025 aprobó el arresto de trapitos, incluso a los que son adictos.
  3. En la proximidad de 2026, apoyó la rehabilitación de niños y adolescentes adictos desde el Consejo Provincial.

La ciudadanía desconoce qué modelo de salud mental quiere Navarro para Salta. Saberlo es como leer aquellos cuentos infantiles en los que los chicos tienen tres opciones y deben elegir una, la que definirá cómo actuará el héroe de la aventura.

 

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