El gobernador, para asegurar su tercer mandato, ley de lemas mediante, está abriendo las puertas del infierno, para calentarse las manos. Los que nos asaremos, seremos los electores.
Por Santos Jacinto Dávalos
Nuestra Constitución Nacional, como la Provincial, nos da el derecho a votar y nos impone hacerlo. Esto ocurre desde la instalación del voto universal, secreto y obligatorio de la ley Sáenz Peña.
Votar no es solo introducir el voto en la urna. Es principal mente tener la certeza de que está dirigido a quién elegimos. Con la ley de lemas esto no ocurre. Votamos por el bueno y el voto puede sumarse al malo, a quién nunca votaríamos.
La ley de Lemas se inicia en Uruguay, para resolver un conflicto interno del Partido Nacional. Luego se elimina.
En Salta se instala por una controversia dentro del Justicialismo entre Roberto Romero, ex gobernador y presidente del Partido Justicialista, con el gobernador en ejercicio, Hernán Cornejo. Luego, ante el enojo de los salteños, se deroga esta ley.
En ambos casos primaron los intereses de facción, por sobre los derechos del electorado.
La ley de lemas consiste en qué dentro de un partido político o un frente partidario, los distintos grupos que lo forman, deciden participar por cargos electivos. Dentro del partido o lema, el sublema que obtenga más votos es el ganador y se le suman todos los votos de los perdedores, candidatos del mismo partido. Como probaremos, una persona puede ser electa con el veinte por ciento de los votos a su favor y con el ochenta por
ciento que no lo votaron. Es una evidente estafa electoral, que es la que permite que el gobernador de Formosa lleve 37 años consecutivos en el cargo, mediante el artilugio de la ley de lemas. La historia que contaremos
al final, nos permitirá comprender mejor esta desmesura, que solo los ricos puedan participar con probabilidades de ser electos.
Una persona que quiere ser gobernador, mediante docenas de promotores, logra que personas destacadas, por el deporte, por los medios o por el servicio a la comunidad, encabecen sublemas, con ellos como primer candidato a legislador provincial o concejal. Cada uno de ellos trabaja por su candidatura, pero en realidad trabajan más por el candidato que los aglutina y que banca la elección. Cada candidato tiene que hacer campaña en su zona. Empanadas, locros, festivales, rifas y caminatas, a veces con una charanga motivando. Reitero, el que paga esta parafernalia es el candidato a gobernador o intendente. Esto cuesta millones y millones
de pesos, lo que está fuera del alcance de mujeres u hombres honestos y probos. Por eso digo que la ley de lemas solo permite a los ricos participar con probabilidades de ganar.
Pero muchos de estos sublemas se comportan como partidos dentro del mismo partido, lo que afecta su unidad, la posibilidad de capacitar dirigentes y elaborar un plan de gobierno, con los cuáles competir electoralmente. Si ya los partidos no funcionan adecuadamente, con esta multitud de partiditos dentro del partido, su eficiencia se reduce a cero.
Ejemplos de la contradicción de la ley de lemas
En la elección de intendente de la ciudad de Salta, en el año 1995, Villamayor obtiene 16.946 votos. Pontussi, del Partido Renovador 42.901. Adivinen. Villamayor intendente.
En el municipio de Tartagal, nuestro conocido turco Abraham, un buen intendente, obtiene 2017 votos sobre un total de 19.031 votantes. Andrés Zottos, del Partido Renovador 6.228 votos. Más del doble. Ganador: Alberto Abraham, por la suma de los sublemas.
En capital, en 1997, Tanoni, del Justicialismo, consigue 62.505 votantes y Pontussi, renovador, 45.924 votos. Ganador: Pontussi.
En 1999, Tanoni recibe 38924 votos y Pontussi 69.069. Tanoni Intendente de la Capital.
Lo mismo ocurrió en Aguaray, General Güemes, Embarcación y otros municipios.
En un barrio de Salta, vivía un político, de muy malos modales. Ponía música a todo volumen a cualquier hora de la noche y cuando los hombres le reclamaban los invitaba a pelear. Si reclamaban las mujeres las menoscababa. No saludaba, no ayudaba ni en la salita, ni en la cooperadora de la escuela, ni en el Centro Vecinal. A pesar de sus contactos, pues aparecía en fotos al lado de los que mandaban. Nunca se preocupó ni siquiera del cordón cuneta. Lo llamaremos el Malo.
El Malo se presenta como candidato a Intendente y los vecinos, que no lo querían, deciden promocionar otra candidatura. Encuentran un hombre bueno, honesto, servicial, querido y respetado no solo por sus vecinos.
Conforman una Junta Promotora y recorren la ciudad buscando apoyo de los centros vecinales, de los clubes de barrio, de las cooperadoras, de las comparsas, las barras y de algunos grupos religiosos. La candidatura prendió entre los vecinos, lo que los esperanzaba.
Los vecinos conocían que los votos que pudieran obtener podrían favorecer al Malo. Intentaron salir solos, pero muchos de sus adherentes le expresaron que no votarían fuera del partido. Por ello se inscribieron en el mismo lema del Malo.
Contados los votos, gana el Malo por diez votos, venciendo al Bueno. Dos candidatos de otros lemas, consiguieron muchos más votos que el Malo. Pero sumando los votos del lema del Bueno, es ungido intendente.
Los que votaron al Bueno, jamás habrían votado por el Malo. Sin embargo, por la ley de lemas, los votos del Bueno, se sumaron al Malo. Y ganó. Los que apoyaron al Bueno votaron, pero la ley de lemas les impidió elegir. Fueron defraudados.
Los uruguayos idearon una chanza, aplicable a nuestro caso. El voto es tan secreto que ni nosotros mismos sabemos por quién votamos. La Constitución Provincial determina que el gobernador y el vice son elegidos directamente por el pueblo y a simple mayoría de sufragios. La ley de lemas anterior, excluía la elección de gobernador y vice del sistema de lemas, ante la categórica precisión constitucional. Gustavo la ha incluido. Con la ley de lemas proyectada, el gobernador se elige en forma indirecta y se omite la elección de gobernador por simple mayoría de votos Este es un dilema para los profesores de Derecho Constitucional.
Apunto que la primera ley de lemas fue atacada de inconstitucional, pero fue rechazada. Recordemos, qué en dicha ley, el gobernador y el vice se elegían en forma directa Como se exigen avales del 5% sin repetirse, así era en la ley anterior, la ley de lemas se presta a irregularidades.
En una elección, el Justicialismo presentó 27 sublemas. Si cada sublema necesita el 5% de apoyo, resulta evidente la falsificación de avales. Si sumamos la dificultad para el conteo de votos, creo que podemos concluir que la ley de lemas es una estafa electoral, que afecta nuestro derecho a elegir.
En 1993 se computaron 136 sublemas y en 1999, 750. Si fuera cierto que tenemos tantos políticos, Argentina sería tres veces más productiva y dos veces más feliz.
Salta, abril de 2026.
