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miércoles, septiembre 16, 2026

Los comuneros de Salta: la sombra del punterismo político

La Municipalidad dejó pasar la oportunidad de poner fin a esos cargos y quedó en claro que es la moneda de pago de favores políticos. Rossana Del Frari es un ejemplo de ello.

Pocas semanas atrás, quedó expuesto el ahora excoordinador general de Asuntos Vecinales, Pablo Marcial, quien le habría pagado a 10 cooperativas de limpieza y mantenimiento de espacios públicos, cuando en realidad sólo desempeñarían funciones cinco de ellas. Ese presunto movimiento le costó el cargo a Marcial. A pesar de ese movimiento, una estructura sigue vigente: la de los comuneros, un cargo inexistente, pero que funciona como punteros oficiales del municipio.

Cuando los comuneros fueron presentados en sociedad, anunciaron que serían “un nexo entre los barrios y el gobierno municipal”. La idea era resolver necesidades vecinales, además de ser señalados por nepotismo, la comunidad los ve como meros punteros que cobran un sueldo para nada despreciable, sin cumplir ningún rol específico.

Lejos de canalizar las inquietudes de los barrios o promover proyectos de desarrollo local, varios comuneros, como la inefable Rossana Del Frari, exbettinista y hermana de un concejal, son señalados por vecinos como simples operadores al servicio de estructuras partidarias.

Facundo Ovalle, uno de los trabajadores del Gobierno provincial que habría cobrado el Potenciar Trabajo mientras se desempeñaba en la Secretaría de Gestiones de Recursos Humanos, dependiente de la Coordinación Administrativa de la Gobernación, fue también designado como “comunero”.

La percepción es que, más que buscar el bien común, su labor se ha reducido a mantener una red de favores y dependencias políticas.

Estos punteros suelen aparecer con mayor frecuencia en época electoral, reforzando el control territorial con promesas de asistencia o beneficios inmediatos. Sin embargo, fuera del calendario político, su presencia se desvanece, y con ella la posibilidad de que los barrios más vulnerables puedan acceder a soluciones reales para sus problemáticas cotidianas.

En definitiva, los comuneros en Salta parecen no estar «en nada» más allá de sostener una red de clientelismo que garantiza votos, pero deja en el olvido las demandas genuinas de los ciudadanos.

Esta desconexión entre la política y las necesidades sociales es un reflejo del desgaste de un sistema que promete participación, pero ofrece solo favores temporales.

El escándalo en el que vio involucrado a Pablo Marcial era una oportunidad extraordinaria para poner fin a los comuneros. Sin embargo, Emiliano Durand se hizo el desentendido y, de esa manera, dejó en claro que los “comuneros” son moneda de cambio a favores políticos.

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