Calletti, Outes y Vega anoche votaron junto al oficialismo la suspensión de las PASO de este año y el proyecto que introduce la figura de “reiterancia”.
Los diputados nacionales que responden al saencismo, Pamela Calletti, Pablo Outes y la intrascendente Yolanda Vega volvieron a mostrarse ayer serviles a los deseos de Javier Milei y su Gobierno, al levantar la mano, una vez más, junto al oficialismo. Fue en las votaciones para suspender las PASO de este año y del proyecto que introduce la figura de “reiterancia” en el Código Penal.
Los diputados de obediencia ciega al gobernador muestran así su lineamiento incondicional con las políticas y directrices de Javier Milei. Lejos de priorizar los intereses provinciales o de representar genuinamente a los ciudadanos salteños, los legisladores saencistas se han convertido en una pieza funcional del esquema libertario, avalando sin cuestionamientos las medidas impulsadas por el presidente.
La idea, seguramente, fue recibir “trato preferencial” en Casa Rosada y poder avanzar así con obras que quedaron pendientes y que, en algunos casos, ya contaban con algún avance de la gestión anterior. Sin embargo, nada de eso sucedió y los salteños siguen con la infraestructura dañada y con altos índices de pobreza.
Es decir, el acompañamiento incondicional de los diputados Calletti, Outes y Vega a los intereses de LLA hasta ahora no sirvió para nada a los salteños. Por el contrario, acompañaron medidas que afectaron directamente a las economías regionales y a los sectores más vulnerables de la sociedad, pese a los reclamos y advertencias de distintos sectores provinciales.
El servilismo político de los legisladores de Sáenz revela una preocupante falta de criterio propio y compromiso con las necesidades reales de Salta. Mientras el gobierno nacional avanza con ajustes en la obra pública, la educación y el desarrollo productivo, los diputados saencistas prefieren plegarse a los designios de la Casa Rosada antes que defender los intereses de sus representados.
La subordinación a Milei no es casualidad. Responde a una estrategia política en la que Gustavo Sáenz busca mantener una relación armoniosa con la administración nacional, aún a costa del bienestar de los salteños. Sin embargo, esta postura comienza a generar tensiones dentro de la propia provincia, donde crecen las críticas y el descontento -incluso dentro del Partido Justicialista provincial- hacia una dirigencia que parece haber olvidado su mandato popular en favor de una sumisión absoluta al poder central.
