En Salta, miles de chicos siguen estudiando bajo techos de chapa y entre paredes de barro. La ministra Fiore lo admite como si fuera normal, mientras su gestión se deshace entre internas, desidia y la herencia intacta del atraso.
Reconocer que siguen funcionando es, en sí mismo, un reconocimiento del fracaso. Sin embargo, para Fiore es parte de su libreto cada vez más escueto ante una realidad que golpea con fuerza: techos rotos, paredes precarias y alumnos que día a día sufren la precariedad que nadie se digna a solucionar.
Pero no solo eso: la crisis no es solo por las escuelas ranchos y la infinidad de deficiencias en infraestructura. Una pelea interna digna de novela, azota los pasillos del ministerio; con la ex renovadora, olmedista, urtubeicista enfrascada en un enfrentamiento con Estrella Villarreal, la suegra del vil operador Juampi Rodríguez. Peleas que distraen, que dividen y que dejan la educación en un segundo plano, cuando debería ser la prioridad absoluta.
Mientras tanto, la inversión que estos establecimientos necesitan desde hace años es transferida por oscuros mecanismos hacia patrimonio particulares de las familias del poder.
Por otro lado, los docentes hacen malabares para poner parches donde el Estado provincial se desentiende. Pero la cartera educativa, con Fiore a la cabeza, sigue más preocupada por las internas que por resolver lo que realmente importa: garantizar una educación digna para todos.
En una entrevista televisiva la ministra reconoció que al menos 10 escuelas ranchos pero se saben que son más. La gestión está estancada en un círculo vicioso de discursos vacíos, peleas faccionales y abandono.
