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lunes, agosto 17, 2026

¡NIÑOS EN PELIGRO! | Biella naturaliza una actitud de abuso hacia menores

El diputado y candidato a senador por el oficialismo, dejó expuesta una peligrosa actitud en la que normaliza -y al ser figura pública, promueve- el perjuicio de niños y niñas que son besados en la boca por adultos. (VIDEO)

Bernardo Biella, actual diputado y candidato a senador provincial, dio la nota. En su intención de mostrarse como un político aséptico, que no deja el estetoscopio en ningún momento para identificarse más como médico que como político “panqueque”, se pasó al oficialismo sin explicar esa inconducta ética y ciudadana), dejó en evidencia su impericia como galeno y hasta cierta actitud que pone en riesgo la integridad psicosexual de niños pequeños.

En su participación habitual en canal 10 de Salta, Biella abordó el tema de la Mononucleosis infecciosa diciendo: “se la conoce como la enfermedad del beso porque se transmite específicamente a través de los labios, el 50 por ciento de los chicos de menos de cinco años, la tiene porque se la transmitimos los grandes: hola cómo estás, te vas al colegio te doy un besito, Y EL BESITO NORMALMENTE VA EN LOS LABIOS”.

Lo dicho por el candidato oficialista ante los ojos de toda la provincia es una estruendosa señal de alerta. No existe tal normalidad en una actitud de alto impacto psicológico, emocional y sanitario de parte de los adultos hacia los niños. Se trata de una acción irresponsable y avasallante que hasta puede significar un nivel de perversión en el adulto que la practica.

Hay una enorme cantidad de recomendaciones científicas que rechazan tal actitud y advierten sobre sus riesgos, pero al margen de ello, es inmensamente grave que una figura pública, que tiene detrás todo el aparato del Estado provincial para promocionar cara y postulación, actúe con tamaña irresponsabilidad, cuando no, malicia.

Riesgos y consecuencias

Es importante establecer límites físicos claros para fomentar la autonomía de los niños, el sentido de privacidad y la comprensión del consentimiento. Los besos en la frente, mejilla o cabeza suelen ser suficientes para transmitir amor sin cruzar fronteras que puedan generar confusión sobre el cuerpo y la intimidad.

Besar en la boca puede enviar mensajes ambiguos sobre los límites corporales, especialmente en niños en edad preescolar o mayor (a partir de los 3-4 años). Enseñarles que tienen control sobre su cuerpo y que pueden decir «no» a cualquier contacto físico, incluso de un familiar, es fundamental para su desarrollo emocional y la prevención de situaciones de abuso.

Riesgos asociados: Más allá de lo psicológico, besar en la boca puede exponer a los niños a riesgos de salud, como la transmisión de virus (por ejemplo, mononucleosis o herpes oral).

Los expertos en psicología infantil suelen sugerir optar por formas de afecto físico que respeten los límites del niño y promuevan su autonomía, como abrazos, besos en la mejilla o palabras de afirmación.

La licenciada en psicopedagogía y diplomada en neuropsicopedagogía y neuropsicología, Lilian Vildoza, se expidió sobre esta situación: “los adultos tenemos la responsabilidad de no normalizar, ni promocionar está conducta, ya que representa un riesgo psicológico y físico para un niño que no posee la madurez ni el desarrollo que le permita discernir y determinar una situación. El niño no comprende estos actos, por lo tanto, puede afectar su emocionalidad y representan una amenaza en el desarrollo de las etapas de crecimiento y despertar sexual, también ponen en peligro los límites que deben aprender a delinear”.

“Este tipo de besos ocurren como una necesidad del adulto y no son necesarios para expresar para expresar afecto o cariño. No es imperioso exponer al niño a esta conducta por los perjuicios que provoca tanto psicológicos como físicos. Una crianza responsable implica estar atentos a nuestros ejercicios como padres”, agregó.

Invasión, límites y ética

La ternura no necesita invadir la intimidad. Los afectos sanos se expresan con cuidado, con respeto por el cuerpo y los tiempos del otro. Como adultos tenemos la enorme responsabilidad de enseñar a niñas y niños que su cuerpo les pertenece, que hay límites que se respetan, y que el cariño no implica invasión.

Decir que un gesto de ese tipo es «natural» o “normal” como dice Biella, es abrir la puerta a justificar prácticas que, en nombre del afecto, pueden ser peligrosas. No se trata sólo de una cuestión médica o de higiene: es una cuestión de derechos, de ética, de educación y de cuidado.

En una sociedad que avanza hacia una mayor conciencia sobre los derechos de las infancias, este tipo de afirmaciones preocupan y alertan. Cuando alguien en un lugar de poder justifica algo inadecuado bajo la idea de que “siempre fue así”, se corre el riesgo de callar a quienes intentan ponerle palabras al malestar y al abuso.

El cuerpo de un niño no es territorio del afecto adulto. Es un espacio sagrado, que merece ser respetado.

Hablar claro también es una forma de cuidar. Y cuando se trata de cuidar a las infancias, no hay lugar para el silencio ni para la indiferencia.

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