Imágen: Bae Negocios

Ha sido una prolongada transición desde que quedaran cerrados los mercados voluntarios de crédito internacional, pasando por los salvatajes del FMI y el “reperfilamiento” de vencimientos. Pero, como decíamos “(…) incluso cuando el poder político tuviera voluntad de hacerlo, “vivir de prestado” ya no es una opción para la Argentina: cerrada la posibilidad de financiamiento de los desequilibrios macroeconómicos vía empréstitos voluntarios, las circunstancias fuerzan a que la economía sólo pueda funcionar en una dinámica de crecimiento que balancee a aquellos.”

De modo que, con independencia de las voluntades de los diferentes actores, la Argentina deberá ingresar en un nuevo ciclo económico, esta vez enfatizando en el desempeño de la economía real.

Ello de por sí implica una tensión entre diferentes esquemas posibles basados en la vigorización del entramado productivo, que subyacente en los principales debates de coyuntura, en realidad responden al diseño sistémico económico y social de nuestra Patria.

No quedan ajenos a este marco las tiranteces alrededor de las (cambiantes) dinámicas en las que surcan los principales temas económicos y políticos de la agenda nacional, en el “enrarecido” clima de las últimas semanas, como “sordos ruidos” de proyectos que pugnan.

De cara al sol

Porque queremos evidenciar la necesidad de que tal discusión sea explícita, también decíamos que “subyacente a todos los debates sobre la revitalización del aparato productivo doméstico, se encuentra la distribución de costos y beneficios como implícito, cuando lo más apropiado sería que, sobre un tópico de tal significación como los son el destino de la Patria y los de millones de compatriotas, los actores expusieran en forma clara y transparente, las consecuencias mediatas de cada propuesta.”

Es que, hasta la fecha, tales lides se desarrollan por fuera del escrutinio público, comportamiento que incluye al propio oficialismo que, por orígenes exógenos u endógenos, ha mostrado claras limitaciones a la hora de establecer horizontes de certezas que trasciendan lo inmediato.

Tanto desde el punto de vista del conjunto social, como del de cada actor individualmente, resulta indispensable prever hacia dónde se dirige (o intenta hacerlo, al menos) la Argentina.

En nuestra entrega anterior subrayábamos que el sólo abandono del esquema especulativo-rentístico no era suficiente para asegurar que los beneficios se tradujeran en bienestar para el conjunto poblacional ya que el crecimiento equivale a desarrollo económico solamente cuando la distribución del ingreso tiende a ser más justa.

Por eso es tan importante reflexionar de cara a la sociedad sobre “el modelo” que viene.

Los diferentes esquemas de perfil “productivista” posibles, también determinan distintos resultados en términos sociales, según su ubicación en un gradiente que va desde la sola puesta en marcha de la capacidad instalada ociosa, hacia la decidida ampliación de la Frontera de Posibilidades de la Producción.

Señalábamos pocas semanas atrás que:

“(…) si los precios internos de los alimentos son elevados (como lo fueron en el gobierno anterior) los gastos en el rubro insumirán una significativa proporción de los presupuestos familiares, impidiendo otros consumos por parte de segmentos relevantes de la población. Es fácil de entender que esas compras no realizadas equivalen a dólares “ahorrados” en mercancías y servicios no consumidos, por lo que, al disminuir la exigencia de divisas para importaciones, posibilitan el equilibrio del sector externo.

Asimismo, la superación de los desequilibrios fiscales puede alcanzarse por la vía de la mengua en los mecanismos del sistema de seguridad social y otros ajustes del gasto público.”

Es este un diseño viable para un conjunto importante de empresas, las que obtendrían la posibilidad de insertarse en una fase que les resulte virtuosa, no sólo desde el componente empresarial sino también desde el de su propia fuerza de trabajo.

Mucho más para aquellas que cuentan con la ventaja de ejercer la exclusividad de explotación de algún recurso natural y apropiarse de las Rentas Extraordinarias asociadas o exporten bienes o servicios a paridad internacional con bajos costos domésticos de producción.

Se trata de un proyecto que ya se intentó en nuestro país (bajo la gestión de Krieger Vasena), en el que los usufructos obtenidos por las empresas “más competitivas”, sólo son compartidos con una porción de asalariados bien remunerados, mientras que quedan excluidas las demás compañías y, por ende, sus trabajadores.

Huelga decir que se evidencian condiciones de viabilidad política del orden material (en tanto la incorporación de un segmento de la fuerza laboral en el universo de beneficiarios), así como del plano subjetivo (como lo demostró la recuperación electoral lograda en las presidenciales por Juntos por el Cambio una vez que endureció su discurso en un sentido supremacista y agresivo).

Por las mismas razones, alertábamos que “el retroceso de la desocupación y la pobreza no serán por sí mismos indicadores suficientes de la puesta en marcha de un ‘modelo de inclusión’, toda vez que existe una amplia brecha entre los actuales niveles y los que son posibles para el ejemplo anterior”.


Para que la totalidad de la población pueda acceder a condiciones de vida dignas, es indispensable ampliar la Frontera de Posibilidades de la Producción, lo que requiere de condiciones adecuadas para la Inversión.

Y ello, centralmente, se correlaciona con la rentabilidad que los proyectos ofrezcan, de modo que la generalización de su incentivo depende de poner en valor vectores de competitividad que puedan ser usufructuados por el conjunto del aparato productivo doméstico.

Establecer ese círculo virtuoso en la Argentina, lo hemos tratado reiteradamte , es posible si se desacoplan en un sentido descendente los precios internos de los internacionales en materia energética El precio de la energía debe estar asociado con los costos de exploración y explotación (contemplando una ganancia justa y razonable para los eslabones intervinientes), permitiendo la baja de los costos unitarios de todos los sectores productivos)  y alimentaria ( Debe disminuir el peso de los gastos alimentarios de las familias, cuestión que principal, pero no exclusivamente, depende de los niveles de retenciones a las exportaciones vigentes), de modo tal que de que la Rentas Extraordinarias pásen a ser distribuidas en la totalidad del entramado empresarial; al tratarse de beneficios redundantes no se compromete la viabilidad económica de los sectores aportantes, al tiempo que se maximiza la competitividad de los beneficiarios.

Con esta “ventaja”, producir para un mercado interno vigoroso y mejorar la inserción en los extranjeros, dejan de ser sueños inalcanzables para nuestras compañías, ya que solamente un esquema de estas características puede proporcionar las claves de un crecimiento sostenido de la producción, capaz de orientarnos al pleno empleo de la oferta laboral y, simultáneamente, a la erradicación de la pobreza, al dotar a los ingresos populares de alto poder adquisitivo disminuyendo el peso de los gastos alimentarios de las familias y así permitirles realizar el resto de los consumos.

Ahora es cuando

Todo indica que transitamos un momento que se convertirá en una “bisagra” en todos los planos de la realidad social, y que las definiciones que se tomen signarán el destino de la Patria por muchos años. Y, por las mismas razones, también es un tiempo definitorio de las perspectivas particulares de las empresas.

Durante la vigencia del esquema especulativo-rentístico, el gerenciamiento de la dimensión financiera fue la clave en el desempeño de la mayoría de las compañías, con disímiles resultados. Al interior de todas ellas, marchar hacia otro tipo de ciclo económico, implica el desplazamiento del énfasis hacia la correcta administración de la producción y la comercialización, que materialicen los proyectos de inversión y los planes de negocios.

Que sea exitosa la elección de un curso basado en el abastecimiento a los mercados con productos o servicios “premium”, u otro orientado a la masividad de los consumidores, en todo depende del esquema general del modelo.

También por esto es exigible que este debate abandone las bambalinas y se realice en forma transparente frente al conjunto de la sociedad. Porque, así como existen condiciones para la instauración de un modelo “de exclusión”, las hay sobradamente para uno “de inclusión”.

Lo decíamos hace muy poco: “a diferencia del período de apogeo de la globalización, las naciones que identifican y ponen en valor sus vectores de competitividad, hoy pueden combinar adecuadamente los estímulos internos con las medidas de protección necesarias para el desarrollo de sus propios factores de producción, sin quedar expuestos a las duras represalias que regían pocos años atrás.

Argentina puede ser parte de ese grupo si establece un diseño de inserción internacional exitoso (…) y modifica la asignación de los excedentes que representan las Rentas Extraordinarias a favor del conjunto del entramado productivo nacional.”

Ahora es cuando se decide si habrá Patria para todos.

Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari y Lic. Sergio Carbonetto *

Fuente: https://www.baenegocios.com/columnistas/No-es-tiempo-de-jugar-a-las-escondidas-20200628-0010.html

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