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miércoles, diciembre 10, 2025

Outes, el patrón impune: un obrero espera hace 14 años que el diputado le pague su indemnización

El legislador saencista acumula una deuda de 29 millones de pesos con un trabajador que se accidentó en su empresa adoquinera. Ganó el juicio, pero el dirigente se niega a pagar.

Pablo Outes no solo construyó poder político al calor del saencismo, también amasó fortuna a la sombra del Estado. Pero detrás de su imagen de “gestor eficaz” y “hombre de diálogo”, se esconde la historia de un obrero olvidado por la Justicia y, por supuesto, por su patrón.

Hace 14 años, un trabajador de su empresa adoquinera sufrió un accidente laboral. “Me agarró la corriente y me tiró varios metros para atrás. Ya cuando el encargado me llevó al hospital, en General Güemes, me dijo que diga que me había agarrado la corriente haciendo una changuita, no en la empresa”, dijo en el MuriShow.

Y agregó: “El médico se dio cuenta de que el accidente había sido fuerte y no en una changa. Yo dije la verdad. Cuando me dieron el certificado médico, el propio Pablo Outes vino a mi casa y me dijo que se haría cargo de todo. Me trajeron unos pocos pesos, me sacaron el certificado médico y no aparecieron nunca más”.

El obrero relató que, tras dos meses, se hizo presente en la empresa y el mismo diputado nacional le respondió que “no le rompiera las pelotas”, que si quería poner abogados “que los ponga”.

El caso recorrió los tribunales durante más de una década, y finalmente, la sentencia fue clara: Outes debía indemnizar al obrero. Sin embargo, el legislador nunca pagó. Hoy la deuda asciende a casi 29 millones de pesos, una cifra que contrasta obscenamente con el patrimonio y la influencia del dirigente.

El tiempo pasó, los cargos políticos se acumularon y las promesas de “justicia social” que vocifera Outes quedaron sepultadas bajo toneladas de adoquines. Mientras el trabajador lucha para cobrar lo que le corresponde, el diputado saencista sigue ejerciendo el poder sin rendir cuentas, protegido por el manto del oficialismo provincial.

El caso es una muestra más de la impunidad que rodea a ciertos dirigentes salteños: empresarios devenidos políticos, que exigen sacrificio y trabajo, pero son los primeros en evadir sus propias responsabilidades laborales.

En cualquier provincia, un diputado en estas condiciones tendría que dar explicaciones. En Salta, en cambio, el silencio y la impunidad parecen ser el mejor cemento.

 

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