El padre del salteño más famoso hoy por hoy aprovecha la exposición mediática para hacer campaña encubierta incluso si eso implica apelar a lo más trillado del cholulismo televisivo. En lugar de malgastar tiempo y dinero de contribuyentes en campaña, Ginocchio debería preocuparse por el desastre que tiene en el vertedero San Javier.
La fama efímera de Marquitos Ginocchio está siendo muy bien aprovechada por su padre, José Ginocchio, actual subsecretario de Limpieza Urbana y segundo en la lista para concejal capitalino, algo que se blanqueó casi en paralelo al triunfo de su hijo en el reality show Gran Hermano. José será candidato a concejal detrás de la subsecretaria de Promoción Social, Jacqui Cobo, en la lista que lleva a la intendenta Bettina Romero en busca de su reelección.
Tal vez todo esto ya estaba un poco planeado de antemano, sobre todo cuando la figura del joven salteño comenzó a cobrar relevancia en el programa televisivo que fue un boom de rating. Porque recordemos que, mientras Marcos estaba en la casa de GH, una concejal de la oposición había denunciado que la Municipalidad de Salta estaba destinando importantes fondos en publicidad durante la transmisión del programa.
Ahora, una vez terminado el programa que catapultó a la fama a los Ginocchio, José se la pasa brindando entrevistas a cuanto medio se lo pide, y mejor si son nacionales, tal como sucedió en el programa porteño “Medianoche”, donde presentó a su rubia y blanca familia caracterizándola como los valores que todos los salteños desean, en una evidente puesta en escena electoral, porque si bien la campaña aún no ha iniciado oficialmente, las huestes de Bettina ya comenzaron la batalla en todos los frentes posibles.
En todo caso, y antes que andar de campaña encubierta, el funcionario municipal Ginocchio, debería estar más preocupado por el desastre ambiental que se produce e incrementa a diario en el vertedero San Javier, un basural a cielo abierto por el que los salteños pagamos millones también a diario. Y ni qué decir de los constantes accidentes y hasta muertes que se han suscitado en el lugar; en definitiva, la política salteña da para todo.
