Abeleira no solo escondió muertes, sino que vendían el “Proyecto Horus” como una solución a los índices de mortalidad infantil.

Decían que el ministerio de Primera Infancia era un ejemplo para el mundo, sin embargo, los resultados son concluyentes. Durante la gestión de Urtubey se distorsionaron datos sobre la situación de las comunidades indígenas. Con datos mentirosos, ocultaron que, entre 2018 y 2019, casi 600 niños perdieron la vida por las condiciones de extrema pobreza en las que vivían.

Tenemos un inicio del 2020 negro para los salteños. En solo 40 días, en el norte provincial, ya murieron 7 niños wichis por ser pobres y la precariedad social existente es un riesgo del actual gobierno.

Con los resultados de la realidad, se puede decir que el ministerio de Primera Infancia estuvo dirigido por una banda que aprendió a transferir discretamente recursos públicos a patrimonios privados, en particular de ONGs y distribuido -con normas no escritas- por rango y jerarquía. Pero no solo eso también se volvieron especialistas del maquillaje de estadísticas, por cierto, de un estrato social muy delicado, demostrando no tener escrúpulos.

Es que bajo el verso de que se estaba revirtiendo las condiciones de vida de lo más necesitados de la provincia, con un método de avanzada dirigido por “Charly” Abeleira, se quedaron -desde el 2014- con la mayor porción del presupuesto provincial y vendieron apenas publicidad, jugando con fuego, o mejor dicho con la vida de los niños de Salta.

Dibujaron las causas de muerte

Los datos que se conocieron en los últimos días asustan: según consta en planillas internas del área de Salud, durante el año 2018 murieron 283 niños, por diversos motivos, todos ellos asociados a las dificultades que presenta la pobreza. De esos 283 niños, unos 240 eran bebés de menos de un año, mientras el resto apenas llegaba a cuatro años.

Entre los motivos de muerte en el sector de la niñez, registrados en las planillas, se incluyen factores como desequilibrio medio interno, acidosis metabólica, sepsis, desnutrición proteicocalórica, diarrea, shock séptico, deshidratación, marasmo nutricional, gastroenteritis, colitis, enterocolitis necrotizante, choque hipovolémico y otras septicemias especificadas, y por tal motivo, el gobierno provincial, intencionalmente, no los habría contabilizado como muertes por desnutrición o hambre, aunque hayan sido una consecuencia de ello, y, en especial, de la falta de agua potable.

Los datos del año 2019 no fueron más alentadores, sino todo lo contrario: también se registraron 278 niños muertos: 229 de ellos no superaron el año de edad. Las causas de mortalidad de repiten, y aunque el gobierno de Urtubey anunció que se había bajado el índice, lo cierto es que las muertes por asepsia, deshidratación y diarrea aumentaron. Se sabe que el acceso al agua potable es el principal factor que explica esto.

Otro de los datos que no deja de llamar la atención es la cantidad de niños muertos por lo que se llama “inmaturidad extrema”, los cuales el gobierno de Urtubey optó por no contabilizar como parte de las muertes por desnutrición, pero que están directamente relacionadas. Se trata de casos de desarrollo incompleto del feto vinculados a la anemia y/o desnutrición en las madres.

La mayor cantidad de casos se registra en la localidad de Santa Victoria Este, que sufre un abandono histórico: no tienen sala de internación ni terapia intensiva, ni para niños ni para adultos, altísimos números de pobreza (más del 90% de la población lo es) escasa y casi nula atención médica (no hay médicos argentinos atendiendo, por ejemplo), falta de cloacas, agua potable y todo lo que se pueda asociar con condiciones de vida digna.

A esto se debe sumar que los millones del Fondo de Reparación Histórica, evidentemente no fueron a mejorar la situación: ¿Los pozos de agua que ya cobró Aguas del Norte? ¿Dónde están? Las obras que fueron anunciadas en el marco del préstamo: ¿Dónde están?

Cabe preguntarse, en este panorama oscuro: ¿Por qué no se avanza en investigar a los responsables de usar a los niños para lucrar?

 

Por Anibal Roldan

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