Mucho anuncio de “cambio”, poco recambio real. El gobernador movió piezas, cambió nombres de lugar y vendió una renovación que, en los hechos, suena más a déjà vu que a golpe de timón.
A principios de esta semana que termina, el gobernador Gustavo Sáenz presentó un supuesto “reordenamiento” de su Gabinete, con la premisa de enderezar el rumbo de la gestión. Pero detrás del marketing oficial, las sonrisas y las fotos prolijas, el resultado es previsible: salvo contadas excepciones, siguen los mismos funcionarios de siempre, ocupando nuevos sillones, reciclados como si el problema fuera la ubicación y no las decisiones.
El caso más emblemático es el de Sergio Camacho, que dejó el Ministerio de Infraestructura para convertirse en Jefe de Gabinete. Un cambio de oficina, no de lógica. Camacho es uno de los hombres fuertes del saencismo, parte del núcleo duro de la gestión y símbolo de una forma de gobernar que difícilmente pueda presentarse como “nueva”.
En Producción y Minería desembarcó Ignacio Lupión, hasta ahora al frente de Salta Forestal. Otro movimiento interno, otro funcionario de la casa que asciende sin que medie un balance público de su gestión anterior ni una explicación clara de por qué ahora sería la pieza indicada para un área clave en un contexto económico delicado.
Más llamativo aún es el caso de Ignacio Jarsún. El titular de Aguas del Norte asumió como ministro de Gobierno sin soltar su cargo anterior. La apuesta al “doble rol” ya encendió luces amarillas en la Legislatura, donde algunos diputados comenzaron a analizar si esta acumulación de funciones es legalmente compatible. Mientras tanto, el Ejecutivo avanza como si nada, apostando a que la discusión llegue -si llega- más adelante.
La única cara que puede venderse como “nueva” es la de Oriana Névora, dirigente del PRO que hasta no hace mucho denostaba públicamente a Sáenz. Hoy, tras ser convocada para integrar listas nacionales y ahora el Gabinete, esas críticas quedaron archivadas. Un pase político que confirma una regla conocida: en la política salteña, las diferencias ideológicas suelen durar hasta que aparece una oferta concreta para algún cargo.
Y como en el saencismo no se queda nadie sin trabajo, crearon un cargo para la ahora exsecretaria de Gobierno, Paula Benavides, que se transformó en la vocera del gobierno de la provincia.
Así, el “recambio” termina siendo una rotación de nombres conocidos, con alguna incorporación que se parece más a acuerdo electoral que a renovación de ideas. Sáenz habla de corregir el rumbo, pero insiste en navegar con la misma tripulación. Y cuando eso ocurre, el problema no es la falta de cambios: es la insistencia en venderlos como si existieran.
