Tras el tropiezo del Gobierno nacional en el Senado, en Salta activaron interlocutores y usinas afines para instalar que el freno fue propio. En paralelo, la senadora que responde a Sáenz acompañaría el resto del temario libertario.
El saencismo parece haber afinado el timing: apenas se confirmó el fracaso del Gobierno nacional en su intento por eliminar el tope a la extranjerización de tierras, la maquinaria discursiva local se puso en marcha. No para explicar lo ocurrido, sino para reescribirlo.
La secuencia es conocida. El oficialismo nacional no logró reunir los votos necesarios en el Senado y el proyecto se desinfló antes de llegar al recinto. Entre quienes se desmarcaron apareció el nombre de Flavia Royón, la senadora salteña alineada con Gustavo Sáenz, que —según trascendió— le comunicó al ministro del Interior, Diego Santilli, que no acompañaría la iniciativa.
Hasta ahí, los hechos. Lo que vino después fue otra cosa. En cuestión de horas, redes sociales, portales afines y dirigentes de segunda y tercera línea comenzaron a repetir una idea: que la caída del proyecto se explica, en buena medida, por la postura del gobierno salteño. Un giro narrativo que intenta convertir un movimiento táctico en una supuesta jugada determinante.
La operación no es nueva, pero sí evidente. Sin haber encabezado el debate ni ordenado el escenario a nivel nacional, el saencismo busca instalar que fue actor central en el freno a la flexibilización de la compra de tierras por parte de extranjeros. Una lectura que deja en segundo plano a otros bloques y senadores que ya venían anticipando su rechazo.
En ese marco, el rol de Royón aparece sobredimensionado en el relato oficial. Su decisión de no acompañar el proyecto —válida dentro del juego político— es utilizada ahora como pieza clave de una historia que el Gobierno provincial intenta capitalizar. El problema no es la postura, sino el intento de convertirla en narrativa propia.
Pero mientras se instala ese relato, la propia Royón deja ver otro carril: está dispuesta a seguir acompañando al Gobierno de Javier Milei en el resto del temario que quedó en pie para la sesión. Entre los puntos en discusión aparece la eliminación de la Ley de Manejo del Fuego, que hoy prohíbe modificar el uso de los bosques nativos incendiados por un plazo de hasta 60 años.
Así, entre gestos de distancia y señales de alineamiento, el oficialismo provincial intenta jugar en dos planos: disputar el sentido de un revés ajeno y, al mismo tiempo, sostener el vínculo con la Casa Rosada cuando se trata de votar lo que sigue.
