Desde hoy, el sistema elimina el servicio nocturno en el área metropolitana. El ajuste, disfrazado de crisis, vuelve a caer sobre los reales usuarios del servicio.
El ajuste ya no se disimula: se aplica. Desde hoy, en Salta ya no hay colectivos durante la madrugada. La decisión de SAETA elimina el servicio entre las 23:30 y las 5:30, dejando a miles de trabajadores, estudiantes y personas que sostienen la vida nocturna directamente librados a su suerte.
La excusa es conocida y repetida: falta de fondos, deuda millonaria, crisis del sistema. El diagnóstico puede ser real, pero la receta afecta directamente al eslabón más débil: el usuario cautivo, el que no tiene auto, el que no puede elegir.
Lo más brutal del recorte es su lógica: se elimina un servicio esencial aun sabiendo que no alcanza para resolver el déficit. Es decir, se perjudica a miles sin siquiera solucionar el problema de fondo. Ajustar sin resolver: la fórmula perfecta para profundizar el desastre.
Mientras tanto, la ciudad real sigue funcionando de noche. Hay enfermeros, trabajadores gastronómicos, personal de seguridad, empleados de limpieza. Gente que no puede “reorganizarse”, como sugieren livianamente los comunicados oficiales. Gente que ahora tendrá que pagar más caro, arriesgarse más o directamente resignar horas de trabajo.
En paralelo, el sistema muestra otra cara: empresarios “en alerta”, choferes amenazando con medidas y un Estado que llega siempre tarde, cuando el conflicto ya explotó. El resultado es un combo conocido: crisis estructural arriba, ajuste inmediato abajo.
En Salta, a partir de hoy, la noche ya no es para todos: es solo para aquellos que tengan la posibilidad de pagarla.
