Los números dejaron un mensaje que la dirigencia no puede desoír: más de 350 mil salteños eligieron no votar. Casi el 35% del padrón se mantuvo al margen del acto electoral, un dato que expone una distancia cada vez mayor entre la ciudadanía y la clase política.
La participación apenas llegó al 65,53%, una de las más bajas de los últimos años. Y entre quienes sí asistieron, el desinterés también quedó en evidencia: el 9,55% votó en blanco —67.852 personas— y el 2,52% de los sufragios fue declarado nulo, sumando otros 17.960 votos sin expresión de preferencia.
En términos concretos: un número significativo de salteños no se siente representado por las opciones disponibles, no confía en las estructuras partidarias o directamente no percibe que la política pueda mejorar su realidad.
Mientras los partidos celebran bancas y porcentajes, el dato más elocuente no está en los ganadores, sino en los ausentes: una sociedad que mira la política de lejos, sin expectativas, sin pertenencia y sin interés. Y esa ausencia es, hoy, el mensaje político más fuerte.
Mientras la ganadora Emilia Orozco cosechó más de 267 mil votos, al menos 350 mil salteños ni se aparecieron a votar.
