Desde estas páginas hemos venido siguiendo los últimos intentos de reconfiguración peronista, en el escenario nacional. A grandes rasgos se ha visto que tanto por dentro del PJ como por fuera, los representantes de esta fuerza han acompañado -quejas más, quejas menos- las políticas nacionales. En cierta ocasión, Urtubey preso de un acto fallido, había sugerido que iba a empezar a diferenciarse del presidente en 2019. Las elecciones tienen la virtud de mostrar separados a los que han marchado de la mano y viceversa, y el cambio de posiciones de Juan Manuel lo ratifica.
Así, en los últimos días, los operadores que notan un gran desgaste en el presidente y ven que las encuestas no le reditúan a Vidal como en otros momentos, han empezado a poner sobre la mesa la idea de una fuerza peronista renovada, de la cual Romero es su promotor, y de la que formaría parta el gobernador de Salta, Pichetto y otros.
Es en este contexto que hay que entender lo que se viene en el Congreso con el tratamiento del presupuesto 2019, que contempla un ajuste enorme, acordado junto al FMI. Manzur, Kosiner y Pichetto se reúnen con Frigerio y declaran que le interesa “avanzar en la letra chica” del presupuesto, dando a entender que lo grueso ya está pactado. Por otro lado, los peronistas señalaron su preocupación por la capacidad del gobierno para negociar en soledad los stocks y plazos de la deuda, pero eso es lo que ya ha venido ocurriendo con el FMI, que no quiere ningún otro interlocutor que no sea Macri.
¿Fueron entonces los gobernadores a pedir imposibles? En realidad, hubo otro tema que formó parte de la charla y que tiene que ver con la incertidumbre creciente que hasta se respira entre los grandes productores del campo: el aumento de las retenciones por parte de un macrismo que había sabido ganarse su voto proponiendo lo contrario.
De hecho, las últimas políticas de retenciones fueron un alivio para las cuentas nacionales pero generaron un malestar en el corazón del proyecto macrista: la patria sojera está inquieta y no descarta cambiar su voto si es que encuentra una nueva alternativa a mediano plazo.
Por eso, el peronismo “moderno y racional”, con Pichetto y Kosiner a la cabeza, intenta posicionarse sin apelar esta vez a un discurso popular de protección a los “desposeídos”, mucho menos de oposición al gran ajuste que se viene, sino presentándose como una tendencia defensora de la rentabilidad agrícola ¿Se prepara un peronismo a la derecha de Macri? Difícil saberlo todavía en semejante escenario de inestabilidad; lo cierto es que, al aceptar los ajustes en sus provincias, es claro que, por lo menos, a la izquierda no están.
