Mientras se elimina el servicio nocturno y miles de salteños quedan a la deriva, el vicegobernador ensaya excusas, compara la crisis con una tarjeta de crédito y habla como espectador.
En Salta ya no hay colectivos de noche. La decisión de las empresas que integran el sistema de transporte deja a trabajadores, estudiantes y a buena parte de la vida nocturna directamente a la deriva. Y frente a eso, el vicegobernador Antonio Marocco eligió el lugar de comentarista.
El argumento oficial vuelve sobre un clásico: la falta de recursos y el incumplimiento de Nación. “El gobierno está haciendo esfuerzo para sostener el transporte público”, repite el vicegobernador, mientras reconoce que “los recursos cada vez son menos”. Pero en ese relato hay una omisión: el sistema se sigue sosteniendo, en gran parte, con el bolsillo de los usuarios, esos mismos que ahora se quedan sin servicio cuando más lo necesitan.
Lo llamativo de las explicaciones de Marocco rozan lo ridículo cuando intenta explicar la situación financiera. “Es como cuando la sociedad argentina está endeudada con la tarjeta”, dice. La comparación no sólo banaliza el problema: también lo corre del plano de la responsabilidad política.
Consultado sobre posibles sanciones a las empresas por incumplir el servicio, el vice vuelve a correrse del foco: “Es una negociación permanente”. Y remata con una frase que sintetiza la lógica oficial: “Cuando vos tampoco pagás, no podés requerir del otro lado el cumplimiento”. Traducido: el Estado no exige porque no puede pagar. Y mientras tanto, el servicio desaparece.
No hay anuncio concreto, no hay medida urgente, no hay siquiera un horizonte claro. Apenas “intenciones de seguir trabajando” y la esperanza de “llegar a alguna cosa”. En el medio, la noche salteña queda librada a su suerte.
El problema ya no es sólo el recorte del servicio. Es la gestión del saencismo que insiste en darle las herramientas a un Gobierno nacional que asfixia a las provincias. Marocco habla de esta crisis como si la mirara por televisión. Parece haber perdido la noción misma de responsabilidad.
