En una entrevista con Infinito Marcos Urtubey repartió consejos sobre cómo deberían comunicar los dirigentes para conectar con la gente.
Todo eso mientras lleva uno de los apellidos más cuestionados de la política salteña. Uno que gobernó la provincia durante doce años y dejó una Salta detonada en infraestructura, con pobreza estructural, dependencia estatal y rutas que hoy el propio Marcos parece descubrir con indignación.
Tras escandalizarse por el estado de las rutas, como si el deterioro hubiese empezado el mes pasado y no durante años de gobiernos donde justamente su familia manejaba la provincia como un negocio de administración prolija para sus propios intereses, dijo que la mejor candidata es Miryam Bregman del FIT.
Los dichos rozaron el absurdo: un Urtubey hablando de rebeldía política, autenticidad y coraje discursivo, después de una etapa donde en Salta se gobernaba a fuerza de reprimir estas expresiones.
Pero Marcos avanzó igual. Dijo que “al peronismo le faltan huevos”, que Milei tiene “propósito” y que la política necesita dirigentes que representen algo real. Todo en tono de estratega continental recién llegado de asesorar campañas en Bolivia y trabajar armados políticos en Jujuy.
También hubo tiempo para cuestionar a Gustavo Sáenz. “Si está tan cerca de Milei debería responder por qué estamos tan mal”, disparó.
Otra frase correcta. Aunque dicha por alguien cuyo apellido todavía está pegado a una de las etapas políticas que más profundizó el modelo de provincia dependiente, centralizada y vaciada de discusión política real.
La entrevista tuvo momentos extraordinarios. Sobre todo cuando Marcos explicaba cómo debería reconstruirse el peronismo.
El broche llegó cuando le preguntaron desde qué lugar hablaba: si como peronista, consultor o dirigente. Y respondió: “Trabajo para quien solicite mis servicios, independientemente de mi posición ideológica”.
Probablemente haya sido la definición más honesta de toda la charla. Porque mientras habla de épica, propósito y representatividad Marcos Urtubey también deja claro que en la nueva política las convicciones pueden entrar perfectamente en formato de consultoria paga.
