En medio de reclamos sociales, calles destruidas y cooperativas sin cobrar, el intendente Franco Hernández Berni apuesta a un festival de más de mil millones de pesos. Incómodo contraste.
En el marco del 102° aniversario de Tartagal y las fiestas patronales de San Antonio de Padua, la gestión del intendente Franco Hernández Berni, ahora saencista, decidió tirar la casa por la ventana. Artistas de renombre, escenario imponente y una grilla de alto perfil configuran un festival que promete convocatoria masiva. El problema no está en la fiesta, sino en el contexto.
Mientras se terminan de afinar detalles (mañana inicia), a pocas cuadras del epicentro del evento se sostienen otros escenarios: protestas y reclamos. Cooperativas vienen denunciando la falta de pago de fondos de contención y asistencia económica, una situación que se arrastra desde hace tiempo y que ya derivó en manifestaciones frente al edificio municipal. La respuesta oficial, lejos de descomprimir, sumó tensión: “Todos trabajan”, lanzó Hernández Berni, en una frase que muchos leyeron como desconectada de la realidad.
Pero el malestar no se agota ahí: vecinos de distintos barrios insisten con reclamos que se repiten a diario: calles destruidas, microbasurales, zonas intransitables y una ausencia sostenida de obras básicas. No se trata de demandas nuevas ni de pedidos extraordinarios, sino de condiciones mínimas para la vida cotidiana.
En ese escenario, el número empieza a hacer ruido. Más de mil millones de pesos para un festival en una ciudad que, al mismo tiempo, exhibe carencias estructurales, en donde los problemas con el agua todavía no fueron solucionados.
La discusión no pasa por negar el derecho al disfrute o a los espectáculos de calidad, sino por la oportunidad y la prioridad. Qué se atiende primero, qué puede esperar y, sobre todo, qué mensaje se construye desde la gestión.
No obstante, también hay incomodidad de muchos con el festival: la organización dispuso de un sector VIP a donde asistirán “los amigos de Franco”. Políticos, funcionarios y gente vinculada al joven Jefe Comunal, pero con vicios de “La casta” ocuparán un lugar central, relegando al pueblo tartagalense a lugares más alejados. Todo financiados con fondos públicos. Joven dirigente y viejas mañas.
La apuesta del intendente parece clara: un evento que muestre convocatoria y volumen político. Pero también deja expuesta una postal incómoda. Porque mientras el escenario se llena de música y luces, hay otra parte de Tartagal que sigue esperando respuestas bastante menos espectaculares.
