Miguel Aguirre denunció abandono, precariedad y responsabilidades de la empresa, luego de que cuatro operarios cayeran a un poco cloacal en Rivadavia Banda Sur.
“No fue un accidente, fue un asesinato”. La frase, que no busca generar ningún impacto, si no que sale desde el peor dolor que un ser humano puede tener. Miguel Ángel Aguirre habla de su hijo Emanuel, 24 años, uno de los operarios de Aguas del Norte que murió tras caer en un pozo cloacal en Rivadavia Banda Sur. Y en su relato no hay dudas, ni matices: lo que pasó, dice, era evitable.
Cuenta que Emanuel trabajaba con horarios rotativos, en condiciones que define como “muy precarias”. Pese al relato que se intenta instalar desde la empresa y desde el Gobierno provinciala, dice que no había herramientas suficientes, que los botines se los compraba él mismo porque no duraban, que el uniforme lo remendaba su madre.
Agrega que las sogas, las cadenas, incluso algunos elementos básicos, salían de su propia casa. “Yo le prestaba las herramientas a Aguas del Norte”, resume.
La escena que describe es tan brutal como conocida: su hijo cae en los residuos cloacales, se desvanece, desaparece. Otro compañero intenta rescatarlo, cae también. Y después, el resto. Una cadena de muertes que, según el propio padre, tiene más de negligencia que de fatalidad o de tragedia. “Todos sabemos que los operarios trabajaban en forma muy precaria”, insiste.
La indignación escala cuando apunta a los responsables. Menciona a Juan Carlos Bazán, gerente general de la empresa, y lo define como “un total cara rota”. Y carga también contra Ignacio Jarsún, director de la compañía y ministro de Gobierno y Justicia de la provincia al mismo tiempo. “¿Qué más puedo esperar de una persona que está ocupando dos cargos?”, disparó.
Pero hay un momento en el que la bronca se quiebra. Es cuando habla del cuerpo de su hijo, todavía retenido por trámites judiciales. “Me lo van a entregar podrido y con el cajón cerrado”, dice.
En esta parte de la entrevista que dio a FM Infinito asegura que los peritos en Orán no querían hacerle la autopsia a Emanuel, porque no cuentan con la protección necesaria y temían que le afecte la salud. Esta respuesta no es más que una confesión, por parte de los profesionales, que dan cuenta que es necesaria protección que los operarios no tenían.
Mientras tanto, la empresa, con Bazán a la cabeza, busca alguna excusa para deslindar responsabilidades, en vez de hacerse cargo de dos muertes absolutamente evitables y que dejó destrozadas a dos familias.
