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viernes, julio 17, 2026

Virginia Cornejo, en modo Milei: para ella, Malvinas es “protagonismo”

La titular del fallido Plan Güemes cargó contra la vicepresidenta por su postura sobre las islas y terminó repitiendo el libreto libertario: bajar el tono, incomodar menos y llamar “locura” a cualquier gesto de soberanía.

Virginia Cornejo eligió pararse donde más cómodo se siente hoy el oficialismo nacional: en la crítica a quien se anima a hablar de Malvinas sin pedir permiso. Y lo hizo con una frase que resume su concepción política: defender la causa Malvinas es apenas “buscar protagonismo”.

“Me da mucha pena que una vicepresidente (SIC) busque protagonismo. Nosotros queremos un país racional”, disparó ante el periodista Jorge Calvo. La definición no es inocente. En su esquema, la “racionalidad” parece ser sinónimo de silencio diplomático, de no tensar, de no molestar. En otras palabras: de aceptar sin chistar.

Pero Cornejo no se quedó ahí. “Un vicepresidente no puede tener declaraciones de esa naturaleza”, agregó, como si la naturaleza del reclamo por Malvinas, que es histórico, transversal, sostenido por décadas, fuera un exabrupto individual y no una política de Estado.

El argumento escala rápido hacia el lugar común de manual. “¿Qué quiere, ir a la guerra? ¿No sabe todo lo que sufrieron? Es una locura”, remató. Corneo intentó convertir cualquier afirmación soberana en una amenaza bélica. Como si entre la guerra y la sumisión no existiera la política, la diplomacia o, simplemente, la dignidad.

En ese corrimiento, Virginia Cornejo, titular del ya fracasado Plan Güemes, no hace otra cosa que alinearse con la narrativa de Javier Milei y su tropa: un discurso que, bajo la excusa del pragmatismo, termina siendo funcional a los intereses de las potencias extranjeras. Se habla de “racionalidad”, pero se practica una prudencia que roza la docilidad.

Lo curioso es que la postura que cuestiona Cornejo no es marginal. Expresa, con matices, todo lo contrario a lo que el pueblo argentino siente respecto de Malvinas: que el reclamo no se negocia, no se relativiza y no se reduce a un problema de formas.

Reducir todo eso a “protagonismo” no es un error de interpretación. Es, en todo caso, una toma de posición. Una forma de correr el eje, de deslegitimar el reclamo sin discutirlo de frente.

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