El frente de “peronistas moderados”, que oscila alrededor de Massa, Pichetto y Urtubey no levanta cabeza. Las encuestas muestran que a pesar de contar con gran parte de la prensa porteña a su favor, Urtubey y sus aliados, no mueven el amperímetro. ¿Qué factores explican su incapacidad para levantar su figura? ¿Quiénes aportan en una campaña tan costosa?
Más allá de los tiempos de la Justicia Electoral, es claro que la campaña ya largó. Gateando disimuladamente antes del disparo, Urtubey avanza furtivo, como un corredor que no se tiene fe y que elige “ganar tiempo”; el gobernador, ha estado de gira por Buenos Aires y la costa, recorriendo las inmensidades de las pampas, buscando aliados en un terreno hostil donde su cargo poco vale.
Se cruzó en el camino con Sergio Massa, quien le aconsejó que acepte su supremacía en el distrito más importante y tome un cargo menor: uno tras otro, como quien le lleva un mensaje del tigrense, los operadores periodísticos indagaron a Urtubey sobre su insistencia en ser presidente, habida cuenta que los votos no le dan. Pero éste no dio el brazo a torcer. Siguió viajando con pretextos protocolares hasta este mes, en el que se sacó el disfraz de gobernador y quedó como lo que verdaderamente es: el candidato para seguir (o de presidente o de lo que fuese).
Sin el apoyo de Massa, con sólo unas buenas referencias de Pichetto y Schiaretti, el cartel de Urtubey se expande por la enorme provincia de Buenos Aires. Su cartelería es azul, evidentemente porque allí quiere cautivar el voto peronista, pero en las entrevistas nacionales, se lo puede ver vestido de blanco, y ligándose al progresismo de la farandula, tal vez porque quiere captar votos kirchneristas desencantados. Sus asesores le recomendaron aparentar humildad (él mismo dice que su propuesta es de la “gente”) y apoyarse en la fama de su mujer; pero el mandatario no estuvo rápido ni creativo para interpretar el concepto y terminó diciendo que el sueldo no le alcanza o que su esposa será una primera dama divertida. Dos pasos en falso.
La maquinaria tiene recursos pero Urtubey no la ha sabido aceitar.
¿Todos con Lavagna?
Los analistas no se ponen de acuerdo: no entienden si Urtubey es sólo un hombre de mucha fe y pocas luces o si en realidad tiene un as bajo la manga que desconocemos. Lo claro es que, mientras todo el resto de candidatos hace números para la campaña (que saldrá no menos de 100 millones de dólares) para el gobernador de Salta eso no es problema. Ha conseguido financistas y no es el frente peronista evidentemente. Allí es un díscolo, que no quiso reconocer la supremacía de Massa y lo desafió en su distrito fuerte.
Mientras Urtubey le colgaba carteles en la vereda de su casa a Massa, Duhalde tuvo que intervenir para agarrar al enfurecido tigrense y proponerle la alternativa Lavagna. El ex ministro es un afamado piloto de tormentas, especial para una ocasión de crisis apocalíptica como la actual. De hecho, Duhalde no se equivocó, porque los medios le han prestado mucha atención y nunca el peronismo, ni siquiera juntando a todos los gobernadores, había conseguido que el auditorio le preste atención.
Lavagna parecía ser el indicado, el peronismo encontraba a quién subordinarse. Pero nuevamente Urtubey dio la nota: mientras todos se reunían con el posible ungido, el gobernador faltó a la ceremonia y se juntó con Schiaretti. Desde allí volvió a anunciar que no hay ningún candidato de consenso y que todo va a interna. La expectativa se pinchó, o mejor dicho: fue pinchada.
¿A qué juega Urtubey?
Ocurre que Macri ha pasado de la teoría de los dos medios a las de los tres tercios. En un comienzo creyó que polarizando con CFK él podía ganar, pero las encuestas ahora indican que necesitará un tercer que la desinfle en primera vuelta y es allí es donde entra el improvisado armado de peronistas federales, que de hecho están mucho más cercanos a Macri que a la ex mandataria.
Pero si la crisis sigue su terrible curso, el peronismo podría crecer sacándole votos también a Macri. Si el peronismo acelerará el conflicto podría poner en riesgo a Macri sin por ello convertirse en una fuerza de reemplazo, debido a la dispersión de sus filas. En síntesis: a Macri le conviene que haya un peronismo, pero en versión debilitada. Al parecer, a Urtubey también. Y para muestra basta lo realizado en el PJ salteño.
Si uno analiza los discursos del mandatario salteño, no aparecen desarrolladas ningunas ideas programáticas. La baja de tasas de interés para la producción y la defensa de la industria nacional, son solo mencionadas por Massa y de modo tibio, mientras que el discurso del salteño no se diferencia del de Macri ¿Seguirá compartiendo con el presidente su política económica? Urtubey dice que Macri ha fracaso pero ¿Estará verdaderamente dispuesto a cambiar el caballo en medio del río o querrá que el presidente continúe el ajuste que empezó?
El derrotero de un hombre del discurso “unitario” pero incapaz de construir una alternativa de unidad real ni siquiera en su provincia, no tiene límite, está para cualquier lado.
Para cerrar una digresión que causa gracia.
Al político le recomiendan (sumando como costo adicional de campaña): “tenes que explotar el lenguaje gestual, a tu mujer que es actriz; tenes que demostrar que sos uno más”.
El error previsible: “la primera dama será divertida; el sueldo no me alcanza».
En la “entonación” del discurso solo se concentran los maestros de la comunicación, y por eso los costos elevados del coaching político al respecto, sin embargo, si el que interpreta los consejos tiene problemas para emplearlos se le debe enseñar desde cero, como a los niños a agarrar los cubiertos. Esa es la razón por la cual siempre van a tener clientes las consultoras.
