El inicio del torneo organizado por la AFA tuvo un comienzo funesto, tras el enfrentamiento entre facciones internas en la hinchada de Chacarita y de Gimnasia y Esgrima de Mendoza. En Salta, Gimnasia y Tiro convocó a una multitud para el debut, pero a la fiesta la empañó el hostigamiento policial.
La violencia en el fútbol es un viejo problema irresuelto y no puede escindirse de la violencia social en general. Sus manifestaciones han ido presentando distintas manifestaciones y de un tiempo a esta parte, la característica predominante no pasa por el choque entre barras de diferentes clubes, sino por los enfrentamientos entre facciones de hinchas de un mismo club. Ocurre en varias provincias y Salta no es ajena.
El fin de semana comenzó uno de los certámenes futbolísticos más atractivos de Argentina, la Primera Nacional, después de dos décadas con un representante salteño, Gimnasia y Tiro, que hasta ahora tiene en su público una virtud: no registrar enfrentamientos internos entre facciones o agrupaciones en el seno de su hinchada.
De hecho, la convocatoria masiva de el domingo en el estadio Gigante del Norte, no reportó incidentes a excepción de lo que dispuso la propia policía contra hinchas y contra la prensa que fue a cubrir una jornada histórica para el deporte provincial.
Desde Opinorte se dispuso una cobertura más amplia de lo estrictamente futbolístico, que ponga la mirada en la concurrencia. Con esa premisa, se acompañó la caravana desde uno de los lugares elegidos por un importante grupo de hinchas (hombres, mujeres y niños) para almorzar y luego dirigirse al estadio. Uno de los puntos de esa concurrencia fue la sede del Sindicato de Canillitas en calle Santiago del Estero 452.
Una hora antes del partido estaba prevista la caminata hacia el estadio de Gimnasia y Tiro, por lo que un grupo de policías motorizados y de Infantería, dio la orden del recorrido por calle Santiago del Estero hasta Vicente López y apuntando contra una concurrencia familiar, ordenó que la caminata se realice por la vereda pese al escaso tránsito.
Todo se desarrolló con normalidad hasta la llegada de esos hinchas a la esquina de Santiago del Estero y Vicente López, donde el hostigamiento de la policía pasó a mayores y avanzó con bastonazos y detonaciones de armas largas contra gente que caminaba por la vereda sin cometer ningún delito ni contravención. Lo que ocurrió luego fueron gritos de desesperación y policías en moto avanzando a alta velocidad por Vicente López al 400, que a esa hora estaba peatonalizada.
Uno de los periodistas de nuestro medio intentó registrar también esos incidentes, como corresponde a la labor de la prensa, pero la represalia de la policía fue atroz y excesiva, en un claro intento de impedir que se den a conocer hechos violentos como estos. Fue así que, al acceder a la cancha, nuestro cronista fue demorado, se le colocaron esposas y estuvo detenido por más de una hora injustificadamente pese a identificarse como tal. A otros veinte hinchas se les hizo lo mismo, que también fueron separados en la entrada a la cancha.
Es claro que el trato digno es algo casi incompatible con el accionar policial, sobre todo en eventos masivos y futbolísticos. Sin embargo, es preocupante que para la dirigencia política y en especial la de los clubes, sea un asunto secundario, toda vez que la hostilidad policial aleja a la gente de las canchas y daña la concurrencia.
Por otra parte, aparece como recurrente que la policía de Salta, que cobra para prestar un servicio a través de los “adicionales”, atropella a hinchas como se señaló, no tienen enfrentamientos internos y concurren en familia, no sólo a la platea, sino a todas las tribunas. La violencia institucional es inadmisible.
