A través de sus redes sociales, el gobernador hizo “una consulta” a sus seguidores para ver si avanzan con la iniciativa que ya rige en Mendoza.
Fiel a sus modos demagógicos, el gobernador Gustavo Sáenz publicó en sus redes sociales un video en el que, mirando a cámara y con un tono de “hombre sensible”, consulta a su audiencia sobre la iniciativa de cobrar la atención médica a quienes, borrachos, ocasionen accidentes viales.
El planteo que propone Sáenz genera polémica, tanto por las implicancias éticas y legales de la medida como por la estrategia comunicativa que funciona detrás de su anuncio, que exhibe rasgos característicos de la demagogia 2.0.
La propuesta apela a emociones colectivas como el enojo y la indignación. En un contexto en el que los accidentes de tránsito son una problemática recurrente y una consecuencia del alcohol al volante, Sáenz pretende capitalizar ese malestar para consolidar su imagen como un líder que “pone orden”.
Sin embargo, la idea, presentada de forma simplista y sin mayores detalles técnicos, parece diseñada más para generar impacto mediático que para ofrecer una solución integral al problema.
Por otro lado, Sáenz pereciera estar muy cerca de las ideas libertarias de quitar -cada vez más- las responsabilidades al Estado, con el único fin de achicar costos.
Aunque la propuesta tiene un impacto mediático, no está claro cómo se implementaría en la práctica. ¿Cómo se definirían los costos médicos? ¿Qué pasa si el conductor no tiene recursos para pagar? Estas lagunas generan más dudas que certezas, pero permiten que el anuncio cumpla su función de captar atención, sin comprometerse con soluciones reales, que suelen ser más complejas.
Este estilo, propio de la demagogia 2.0, no busca tanto resolver problemas como consolidar una narrativa política que conecte emocionalmente con el electorado.
En el medio de un delicado contexto económico y también político, fundamentalmente por los vínculos que algunos funcionarios salteños tienen -presuntamente- con la narcocriminalidad, se busca que la indignación social ante los conductores ebrios se convierta en un recurso para desviar la atención de esas cuestiones gravísimas. Nada dice de las limitaciones del sistema de salud, las fallas en la educación vial o la falta de inversión en prevención.
