Pese a los simulacros de controles y el decomiso de algunos pocos elementos de pirotecnia, la ciudad volvió a tronar en los festejos de Año Nuevo.
Tras una ruidosa Navidad en la ciudad de Salta, muchos actores sociales cuestionaron la venta de pirotecnia sonora y obligaron que la Municipalidad y el Gobierno, que habían mirado para otro lado en la previa, llevaran a cabo algunos controles y secuestraran otros pocos elementos. Incluso, hasta el propio Gustavo Sáenz se metió en la polémica y pidió “cuidar a las personas que sufren con la pirotecnia”. Sin embargo, los festejos de Año Nuevo fueron todavía más estruendosos y la indignación colectiva creció exponencialmente.
Fuertes explosiones se escucharon en todas las zonas de la ciudad de Salta, pese a la enorme polémica que se había generado después del 25 de diciembre. Los organismos de control municipal habían secuestrado, según informaron ellos mismos, 10 cajas de cañitas voladoras, 10 morteros de colores y 5 tortas de colores. Una cifra insignificante si se tiene en cuenta el volumen de estos elementos que manejan cada fin de año.
La apertura de locales para la venta de pirotecnia en todos los puntos de la ciudad es una muestra de que, en Salta, nada cambió desde la sanción de la ley de pirotecnia sonora cero.
Este Año Nuevo fue la confirmación de que los supuestos “duros controles” que se dieron en la semana, por parte de la Policía y de Control Comercial de “La Muni” de Emiliano Durand no fueron más que un circo desplegado para calmar los reclamos de distintas asociaciones de padres y asociaciones de animales que habían repudiado lo ocurrido en Navidad.
