Anunciado con bombos y platillos, el Pacto fue presentado como una herramienta de consenso y planificación para el futuro de Salta. Pero a más de un año de su firma, nada cambió. La promesa quedó en el olvido, igual que tantas otras del gobernador.
El 17 de junio de 2024, rodeado de cámaras y discursos vacíos, Gustavo Sáenz firmó el llamado Pacto de Güemes. Se trataba, supuestamente, de un acuerdo político y social para construir una Salta “más justa, federal y productiva”. Se habló de planificación a largo plazo, de unidad en la diversidad, de respeto institucional. Pero como suele pasar en esta provincia, todo quedó en palabras.
Más de un año después, no hay una sola política pública concreta que haya surgido de ese pacto. Ninguna ley, ningún plan, ni siquiera una comisión activa o un informe de seguimiento. El documento duerme en algún cajón del Grand Bourg, y sus firmantes, la mayoría oficialistas y cómplices, ni siquiera fingen alguna preocupación.
Lo más grave no es el fracaso en sí, sino la utilización de la simbología histórica como un recurso de propaganda oficial. Usar la figura de Güemes para sellar “un pacto” que nunca tuvo voluntad real de cumplirse fue una falta de respeto a la memoria colectiva y a la ciudadanía salteña, que sigue esperando soluciones reales.
El Pacto de Güemes fue, en definitiva, una estrategia más de Gustavo Sáenz para simular gestión y disfrazar su debilidad política. Con una provincia sumida en la pobreza, la desigualdad y sin rumbo, lo último que necesita Salta son pactos sin contenido.
Este nuevo fracaso se suma a una larga lista: el colapso del sistema de salud, el ajuste brutal en educación, la falta de inversión en los sectores más postergados, y la complicidad con las políticas nacionales que empobrecen aún más al norte argentino. Sáenz ha demostrado, una vez más, que la puesta en escena le importa más que la gestión.
En Salta ya nadie habla del pacto. Ni los intendentes, ni los legisladores, ni los supuestos “representantes de la sociedad civil” que lo rubricaron. La gente, mientras tanto, sigue esperando que alguna vez la política se tome en serio su palabra. Pero con este gobernador, las promesas duran lo que dura un titular.
