El Gobierno se superó a sí mismo. Esta vez no solo presentó una propuesta salarial ridícula, sino que además lo hizo con actuada solemnidad, como si de verdad creyera que un 9% de aumento es algo negociable. Se ve que en sus cálculos, los docentes comen aire, pagan impuestos con sonrisas y se abrigan con buena voluntad.
La reacción no se hizo esperar. Desde SiTEPSa y ADP ya avisan: si esto es lo mejor que tienen para ofrecer, las clases después del receso invernal están en veremos.
La secretaria general de SiTEPSa, Victoria Cervera, fue clara: no hay margen para seguir perdiendo poder adquisitivo. Piden un 40%, y con justa razón. Lo del 9% es una bofetada disfrazada de diálogo. Y mientras los funcionarios toman café en oficinas climatizadas, los docentes hacen malabares para no caer bajo la línea de pobreza.
Fernando Mazzone, de ADP, lo dijo sin rodeos: “No vengan a burlarse con un 9%”. Y tiene razón. Porque esto no es una oferta, es una impostura. Un gesto cínico que provoca más que dialoga. Mientras ellos cobran sueldos que no conocen la inflación, pretenden que los docentes sigan educando con salarios licuados.
¿Y si no hay clases? ¿Le preocupa al Gobierno? Difícil saberlo. Porque quienes toman decisiones no mandan a sus hijos a la escuela pública, ni hacen fila en un hospital, ni saben cuánto cuesta un litro de leche.
“Hoy por hoy no descarto que pueda haber alguna medida de fuerza”, afirmó, aunque aclaró que busca evitar perjudicar a los estudiantes. “Yo tenía una propuesta de protestar los sábados para no dejar a los chicos sin clases”, señaló Mazzone.
