En plena ola de escándalo por los audios del concejal libertario Pablo López, la mesa de negociación salarial se concretó: el Gobierno ofreció prácticamente nada. La propuesta oficial ronda el 9 % escalonado entre agosto y diciembre. El mes que viene el incremento seria de apenas el 2%.
El sindicato docente UDA, a través de Daniel Amidei, rechazó el infimo monto y «solicitaron que el gobierno vea la posibilidad de mejorar esa oferta del porcentaje que esté por sobre la inflación que se registra este año y que está prevista hasta el fin de año».
La paritaria está empantanada porque el Gobierno “no suelta nada”. El diagnóstico no es menor: el costo de vida convierte esas cuotas en puro aire.
Con cero voluntad de ofrecer más, la negociación se estanca y ya hay amenazas del no inicio de clases.
Los gremios exigieron que la oferta supere la inflación proyectada y se adelante el cronograma para que el aumento llegue antes del fin de año. Además, plantearon mejoras urgentes en el Código 690, una actualización acorde al boleto del transporte urbano, titularización para el sector terciario, y una revisión anticipada en septiembre.
El Gobierno mantiene a raya el bolsillo: en la mesa se sientan Camacho, Demitrópulos, Dib Ashur, Fiore y Mangione; hablan, toman notas, prometen replanteos… y no sueltan una moneda. El compromiso de volver la semana que viene a discutir sin ninguna mejora puede caldear más las aguas.
El escándalo ejecutado por un operador de escala menuda que juega el peligroso juego de opositor con críticas de terciopelo al Gobernador pero no escatima veneno al hablar de otros sectores, resultó eficaz. Mientras tanto, en ese teatro de sombras donde se simula distancia y queda en evidencias las cercanías, el Ejecutivo provincial respira aliviado: gana tiempo, retiene la billetera y, con la parsimonia de quien espera que todo pase, mantiene cerrado el puño… incluso cuando el reclamo apenas sea más que timido.

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