El gobernador pidió suspender planes sociales a extranjeros, apelando al manual clásico de la xenofobia barata. Mientras, ni una palabra sobre subir impuestos a los millonarios, los verdaderos privilegiados de la Argentina.
Gustavo Sáenz volvió a mostrarse como un oportunista dispuesto a patear para abajo. Ahora el gobernador pidió al Gobierno nacional que suspenda los planes sociales a los extranjeros y que esos recursos se redirijan a jubilados y personas con discapacidad. Una jugada de manual para instalar un discurso “duro” y disfrazarse de defensor de los vulnerables, cuando en realidad profundiza la grieta entre pobres contra pobres.
El gobernador salteño nunca habla de los que de verdad concentran la riqueza en el país. No dice nada de los grandes grupos económicos que fugan millones y que multiplican sus ganancias en plena crisis. Tampoco se le ocurre exigir un aumento en Bienes Personales o en los tributos que deberían pagar los más ricos de la Argentina. Con ellos, Sáenz mantiene un silencio reverencial.
Su propuesta es funcional al discurso de la derecha más rancia: culpar al extranjero, al vecino, al que menos tiene. Construir un enemigo visible y cercano, en lugar de poner la lupa sobre el poder real. Es el mismo libreto que recorrió el mundo y que en Salta se recicla con la máscara de un “gobernador federal”.
Mientras tanto, jubilados y discapacitados siguen siendo usados como excusa. Sáenz los pone en la vidriera discursiva para justificar medidas regresivas, pero nunca plantea políticas estructurales que beneficien de verdad a esos sectores. En definitiva, el problema no son los extranjeros con un plan, sino los multimillonarios con un país a su servicio.
La jugada es clara: distraer con un discurso xenófobo, mientras el poder económico sigue intacto y blindado. Sáenz, como siempre, elige pelear contra los que menos pueden defenderse.
