La crisis pega directo en lo básico: panaderías advierten una fuerte retracción en las ventas mientras los clientes llegan con lo justo y se van con menos.
La escena se repite en cada mostrador: muchos clientes que entran con $1.000 en la mano y salen con mucho menos de lo que solían llevar. La caída del consumo ya no es una percepción aislada sino una tendencia concreta que golpea de lleno a las panaderías salteñas, uno de los termómetros más sensibles del bolsillo.
Según datos del sector, las ventas registran una baja de entre el 25% y el 30% en la provincia, reflejando el deterioro del poder adquisitivo y el ajuste sostenido sobre los ingresos.
Desde el rubro lo describen sin rodeos. “La gente llega con 1000 pesos y ya no le alcanza”, advierten panaderos en declaraciones recogidas por las periodistas Natalia Nieto y Silvia Noviasky en Aries, donde se expone con crudeza el cambio de hábitos: menos cantidad, menos variedad y compras cada vez más medidas.
El cambio en los hábitos es evidente. “Antes llevaban por docena, ahora compran por unidad”, advirtió Daniel Romano, presidente de la Cámara de Panaderos de Salta, marcando el paso de un consumo habitual a uno estrictamente medido. Incluso productos básicos como el pan empezaron a ajustarse en cantidad.
La situación no solo impacta en las ventas, sino también en la producción diaria. “No podés hacer lo mismo que antes porque no se vende”, remarcaron, dejando en claro que la caída del consumo obliga a achicar la oferta para no perder mercadería.
A eso se suma el otro lado de la ecuación: los costos. “Todo sigue aumentando, pero nosotros no podemos trasladar todo al precio porque no se vende”, señalaron, exponiendo una tensión cada vez más difícil de sostener para el sector.
En ese contexto, el diagnóstico es directo y sin maquillaje: “La situación está complicada y no vemos que mejore en el corto plazo”. Una frase que, más que una opinión, suena a síntesis de lo que pasa todos los días del otro lado del mostrador.
