Se fue Solá Usandivaras, asumió Avellaneda, pero la violencia sigue marcando el pulso en los barrios. Dos muertes en el fin de semana, un tiroteo y una sensación de descontrol que crece.
El recambio en el Ministerio de Seguridad parece no haber movido el amperímetro en la calle. La salida de Gaspar Solá Usandivaras y el ascenso de Nicolás Avellaneda no alteraron un escenario que, para muchos vecinos, ya es rutina: violencia cotidiana, barrios atravesados por el miedo y una Policía que corre siempre desde atrás.
El último fin de semana volvió a dejarlo en evidencia. En Villa San Antonio, un hombre fue asesinado de una puñalada en medio de una gresca. Murió cuando era trasladado al hospital y por el hecho hay un detenido. El caso no es aislado: se suma a una seguidilla de hechos violentos que, en pocos días, dejaron dos muertos en la provincia.
En Orán, la historia se repitió. Una muerte violenta, un joven detenido y otra investigación en marcha para intentar reconstruir lo ocurrido. Episodios que ya no sorprenden, pero que siguen acumulando tensión en una provincia donde la violencia parece haberse naturalizado.
Como si fuera poco, en el barrio La Paz de la capital salteña se registró un tiroteo que terminó con un menor trasladado en código rojo al hospital San Bernardo. Balas en plena trama urbana, vecinos encerrados y la sensación de que el límite hace rato se corrió.
El problema ya no es solo el delito, sino la percepción. En Salta, la sensación de inseguridad crece al ritmo de los hechos. Las bandas avanzan, los conflictos escalan y la calle parece haber cambiado de dueño. En ese terreno, la Policía provincial queda cada vez más cuestionada, con una presencia que muchos describen como tardía o insuficiente. El cambio de nombres en la cúpula de Seguridad, por ahora, no alcanza para revertir una realidad que habla por sí sola.
