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domingo, agosto 16, 2026

A Cartuccia cualquier bondi la deja bien

Luego de decir que “se preparó” para ser intendenta, ahora la legisladora aclaró que no antepondrá sus caprichos al “proyecto de Gustavo Sáenz” y abrió la posibilidad para ser candidata a diputada. 4 claves de su archivo que la invalidan para representar a los salteños. 

Laura Cartuccia, es una figura política tristemente celebre: ex administradora de ANSES en Salta, actual diputada provincial y reconocida por cobrar 4 sueldos del Estado; llegó a su banca en listas macristas pero se acomodó y hoy integra el oficialismo. Su carrera es la muestra cabal del oportunismo político.

Recientemente, anunció que “sumará” desde “el lugar que pueda” al armado oficialista aunque no integre ninguna lista porque, dijo, no es tan “necia” como para “encapricharse con una candidatura”.

Y reconoció: “Como diputada, aún me falta muchísimo trabajo”. Sin embargo, el mes pasado en un tuit de su perfil oficial, dijo: “Hace seis años que no paro de prepararme para ser candidata a intendente”. Allí aseguraba que si su “espacio político ve que debe armar otra estrategia” ella “no pondría su vanidad” por delante del “proyecto de Gustavo Sáenz”.

Veamos elementos de su prontuario:

1. Fue directora general de los Centros Integradores Comunitarios; en el 2015, se escuchó su apellido cuando intentó llegar a la gerencia del hospital San Bernardo pero quedó última en la terna que se eleva al gobernador. Sin embargo, su figura tomó gran notoriedad en 2016 cuando trascendió que cobraba 4 sueldos de la administración pública: además de su salario como funcionaria municipal, la oftalmóloga recibía dinero por ser Auditora del IPS, encargada del Programa Nacional de Municipios y el correspondiente a su profesión en el área de la salud. Fue tal el impacto del escándalo que el caso de la funcionaria polifunción llegó a la Fiscalía de Estado. En ese entonces, Luis Mocchi, quien era el coordinador del IPS la mandó al frente al dar a conocer las planillas de inasistencias e incumplimientos, además denuncias por malos tratos, de pacientes del programa Vida Sana del Instituto Provincial de la Salud. La separaron pero continuó recibiendo sus otros ingresos.

2. Cartuccia supo anudar relaciones de peso en el área municipal al punto de ser una funcionaria con un enorme presupuesto y, naturalmente, poder de decisión. Así es que colocó a su marido, Carlos Vargas, en la subsecretaria de Integración Social, lo cual produjo un malestar mayor sumado al que ya tenía no solo por cobrar varios sueldos sino por maltrato a empleados municipales. “Es una maltratadora y hay varias denuncias contra ella», aseguró en declaraciones a la prensa Rosa Sequeira, jefa de empleados municipales. Luego, se volvió a mencionar su perfil cuando, esta vez, el hijo de su esposo apareció involucrado en un caso policial: Carlos Arturo Vargas Krupelis, quien era empleado de la Secretaría General de la Gobernación, fue acusado de estafar a cinco hoteles de primera categoría. El tipo pudo zafar y tiempo después se conoció que era uno de los que dirigía el grupo de trolls del ex intendente Isa y posteriormente habría realizado trabajos para el oscuro operador Juampi Rodríguez.

3. El 9 de noviembre de este año, un comunicado firmado por al menos una decena de organizaciones sociales, artistas y ciudadanos, dejaron sentado su descontento con la legisladora que tras una reunión con reivindicadores de la dictadura, propuso dar marcha atrás con el proyecto de Ley de la Memoria. En el documento que llevó en el título la palabra “Repudio” grande y en mayúsculas, una larga lista de organizaciones y personas apuntaron contra la legisladora al señalar que “tras reunirse con integrantes de una asociación que reivindica lo actuado por la última dictadura cívico- militar-religiosa, resolvió dar marcha atrás con el proyecto de la Ley de la Memoria, presentada por la Mesa de Derechos Humanos de Salta”.

4. Con notable verborragia racista, hace casi un año, la legisladora provincial se quejó porque en el shopping “hay vendedores ambulantes recorriendo las mesas, la gente pidiendo, en fin como en el centro pero a otro precio”. Y selló el posteo con la imagen de una rubia sonriente. Literal: lo dijo sin sonrojarse. A raíz de esta publicación le llovieron las críticas, y no se le ocurrió mejor idea que borrar el posteo; horas más tarde salió a pedir una especie de disculpas, pero también a justificar sus dichos: “El posteo del Shopping…de lo que tanto se dijo, pero nadie preguntó y solo sacaron deducciones; que era clasista, si quería o no a los pobres, si me molestan los vendedores ambulantes, que odio a los pobres, que fue un acto fallido; tanto buscaron el linchamiento mediático, distintos medios y periodistas”, acotó. Para quienes tampoco pasaron desapercibidos los comentarios de la diputada que supo cobrar cuatro salarios del Estado, fue para los funcionarios del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), cuya delegación salteña encabezada por Gustavo Farquharson ordenó que Laura Cartuccia tome una capacitación para evitar nuevas prácticas discriminatorias.

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