Es, cuanto menos, llamativo observar cómo ciertos sectores del kirchnerismo decidieron realizar una vigilia frente a uno de los sanatorios privados más exclusivos y costosos del país, a la espera de la evolución de Cristina Fernández de Kirchner.
Este gesto, que tiene una carga simbólica importante, contrasta de manera flagrante con los principios que muchos de ellos enarbolan en su discurso. Al margen de caer en un ridículo que en política no se perdona.
En lo personal, puedo dar testimonio de haber sido intervenido quirúrgicamente de urgencia (colecistectomía) durante el período más crítico de la pandemia en un hospital público (San Bernardo), sin titubeos y con plena confianza en el sistema de salud estatal, que representa o debería representar, el núcleo mismo de las políticas sociales que históricamente defendimos como movimiento.
No podemos pasar por alto este tipo de contradicciones si aspiramos a construir un peronismo con autoridad ética y moral.
Hay una tarea profunda y urgente que consiste en convencer a nuestros compañeros de que la coherencia entre lo que proclamamos y lo que hacemos no es un lujo, sino una condición necesaria para recuperar la credibilidad y la potencia transformadora de nuestro accionar político.
De otro modo estamos acabados.
Por Flavio Gerez
