La dupla integrada por Frida Fonseca y Adolfo Rosas es más que una pareja, en común tienen su persistencia por vivir de fondos públicos y sacar el máximo provecho personal de lo que es colectivo.
La actual secretaria de Relaciones Institucionales del Gobierno y su esposo, el “personal de apoyo a la Administración Pública”, se caracterizan por una extrema obsecuencia hacia el jefe, antes con Miguel Isa y ahora con Sáenz, no por convicciones políticas sino más bien para asegurarse cargos rentados y muy bien remunerados o espacios de negocios.
Fonseca dejó la secretaría de Gobierno de la Municipalidad, donde fue designada por el cupo del saencismo en el gabinete de la exintendenta Bettina Romero, para luego relevar al imputado Benjamín Cruz en la secretaría de Seguridad, durante 2022.

Su pareja, Adolfo Rosas, está atornillado a la presidencia del club San Martín, donde maneja una importante caja de ingresos que no redundan en crecimiento de esa institución. Además, desde hace años tiene un cargo que comúnmente se lo conoce como de “ñoqui”, pero que en la formalidad, de acuerdo al instrumento legal firmado por Nicolás Demitrópulos, se denomina “personal de apoyo a la administración pública -Nivel 1”.
Es tan evidente que ese apoyo es genérico, que no se especifica en qué área o ministerio cumple funciones, eso sí, Rosas “apoya” a la administración pública (nadie sabe cómo) cobrando el sueldo más alto de la categoría, tal como lo indica el nivel. En otras palabras, un auténtico “ñoqui vip”.
Mientras transcurre sus días en un cargo intrascendente pero con rango de Secretaria de Estado y sueldo afín, Frida Fonseca sigue bien de cerca el proceso judicial por el que fue imputado Benjamín Cruz.
Fonseca llegó a la secretaría de Seguridad a las pocas semanas del misterioso hecho por el que su antecesor envió a un colaborador (Monges) a hablar con un peligroso narcosicario en la cárcel de Orán y nada aportó a esclarecer administrativamente aquel hecho.
¿Club pobre o empobrecido?
El club San Martin de Salta Capital, presidido por Rosas desde hace varios periodos, tiene distintas unidades de negocio dentro de su extenso predio sobre calle San Martin.
Cabe recordar que la entidad tiene otro valioso inmueble en calle República de Siria, donde hay una cancha de básquet con tribunas que se alquila a menudo para la realización de eventos boxísticos y algún que otro acto con el oficialismo de turno.
Pero volviendo al “oeste”, sobre avenida San Martín, el club cuenta con canchas de fútbol 5, negocios de comida, locales comerciales y una feria de frutas y verduras ( La Feria del Oeste), según se supo, todos negocios que no cuentan con la necesaria habilitación comercial.
A pesar de esos ingresos fluidos en una zona muy populosa de la ciudad, la institución no tuvo ningún crecimiento en los últimos años, en los que se acentúa el deteriorio de sus instalaciones.
Más allá del relato de la “militancia territorial” de la sociedad Rosas – Fonseca, muchos señalan que el club San Martín no cumple con la contención social que tienen estas instituciones como responsabilidad social primaria.
Por si fuera poco, un grupo de socios denunció que los balances no se presentan hace muchos años, tampoco se convoca a elecciones, por lo que de manera ingenua se preguntaron si tal vez la Secretaría de Deportes o la Dirección de Personas Jurídicas de la Provincia se atreverá a intervenir y dilucidar quien ampara a Rosas para que éste se permita manejar como propio a un club que no le pertenece.
Es claro que la pertenencia de Rosas al Gobierno y su cercanía con el presidente de la Liga Salteña de Futbol, Sergio Chibán, el autopromovido como MAFIOSO y funcionario del mismo Gobierno, explican mucho de esta situación.
