5.3 C
Salta
miércoles, septiembre 9, 2026

Del PRO a la lista de Sáenz sin escalas (ni convicciones)

En la política salteña hay saltos que no sorprenden, pero igual dan vergüenza ajena. El caso de Oriana Névora, ex candidata del PRO, ex Miss Salta, actual segunda en la lista de diputados nacionales del saencismo, es la síntesis perfecta del oportunismo sin maquillaje. O mejor dicho, con maquillaje… pero sin vergüenza.

No importa que haya sido «oposición» al gobierno de Gustavo Sáenz hace apenas meses. No importa que haya sido parte del espacio del PRO, ni que haya perdido cuando fue candidata en Tartagal donde no juntó los votos necesarios. Acá lo que importa es otra cosa: ser joven, decorativa, tener sonrisa fácil y cero convicciones. La receta justa para entrar al tren del oficialismo sin que nadie pregunte nada. Ni por qué ni para qué.

La ex PRO todavía no consigue que le den mucha importancia pero banca todo porque quiere a futuro un premio. Porque cuando lo que se busca no es representar a nadie sino colarse en la boleta, entrar por la ventana del marketing político, y si hay suerte… cobrar un sueldo por cuatro años, vale todo.

¿Sus méritos? Haber sido Miss Salta. Ser simpática. Firmar alguna que otra sentencia judicial “con impacto mediático” y, sobre todo, haber tenido la habilidad de reubicarse justo a tiempo para no quedar afuera del reparto. Dicen que su padrinazgo en esta pirueta política vino de la mano de Agustina Álvarez, otra ex PRO que ahora coquetea sin pudor con el oficialismo y sugiere que le interesaría un lugarcito en el gabinete ya sea de Sáenz o de Durand, da igual.

El saltó de Névora ya no escandaliza a nadie, de hecho nadie la atiende en los medios pese a que es un blanco fácil. Lo grave es que el saencismo —ese Frankenstein político sin ideología, sin norte, sin base ni techo, completamente perdido, sin rumbo político — siga como si nada en la Provincia.

No hace mucho los que dedicacan su vida a formarse, los que laburaban con los pies en el barro antes de los comicios, los que tenian convicciones, o los que al menos saben dónde estaban parados, podían soñar con formar parte de las listas.

Ahora vale todo lo mismo: con dirigentes que ayer fueron oposición, hoy oficialismo, y mañana —si se pincha el globo— estarán golpeando la puerta de otro espacio.

Oriana Névora no es una anomalía. Es el síntoma. Del vacío político.
Del cinismo. Y de una estructura oficialista que solo se alimenta de dos cosas: silencio y obediencia. Y dinero para la mesa chica.

Más Leídas
Noticias Relacionadas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí