El ministro de Economía asegura en un reciente nota periodistica que una salida para Salta sería apelar a la “economía del conocimiento”.
Es decir desarrollar futuros expertos en robótica, desarrollo de software, inteligencia artificial, etc. Ello sin recordar que ha sido funcionario durante los últimos gobiernos que hicieron poco y nada por mejorar la educación en la provincia donde tampoco se tiene acceso siquiera a cloacas, mucho menos al agua potable, ni qué decir de la electricidad necesaria o la conexión a internet para garantizar que el próximo Steve Jobs, sea calchaquí.
En la editorial titulada “Una oportunidad para la convergencia”, el ministro de finanzas Roberto Dib Ashur intentó realizar una arenga tecnológica de la provincia, señalando primero las diferencias entre las economías del centro del país comparadas con las del interior. 5 de las 24 jurisdicciones aportan más del 70% del producto bruto interno. Adivine usted dónde está Salta. Si usted dijo entre las 19 jurisdicciones que aportan poco más del 25% del PBI, pues acertó.
“Esta evidente asimetría hace pensar que la única salida viene a ser exacerbar la discusión entre los que más producen y los que menos, tensionando la distribución del ingreso desde una mirada solo del reparto más allá de la generación de los recursos”, escribió el ministro en la nota publicada por El Tribuno. En ese sentido mencionó a la coparticipación federal de impuestos como clave a discutir. Pero luego señala que “es ilusorio pensar que solo con esas herramientas lograremos un desarrollo armónico en nuestro país”.
“A los fines de converger, es decir que los productos brutos por persona de cada provincia argentina sean similares, es preciso que aquellas provincias con un ingreso menor crezcamos de manera más acelerada. Si bien parece una obviedad lo antes dicho, es difícil encontrar actividades económicas que permitan una convergencia en nuestro territorio con cierta velocidad”, escribió luego el funcionario que fue ministro de Educación de JM Urtubey y ahora lo es de Economía con Gustavo Sáenz, dos de los gobiernos que se encargaron de endeudar a la provincia y llevarla al colapso en distintas áreas, entre ellas la Educación y la Tecnología.
Un par de párrafos más bajo, Dib Ashur señala: “El mayor recurso natural de un país está en su conocimiento y en su capacidad de aprender”. Es entonces que se detiene a explicar los beneficios de la “Economía del Conocimiento”, a la que describe como “la aplicación del conocimiento para innovar, incrementar el valor agregado y aumentar la productividad de todos los sectores (…) Encontramos aquí actividades vinculadas a la industria del software, audiovisual, servicios profesionales, biotecnología, internet de las cosas, robótica, inteligencia artificial, big data, entre otras”.
Y acota: “Las jurisdicciones argentinas tenemos la oportunidad de acelerar nuestro crecimiento y consecuentemente contribuir al desarrollo económico de la región”.
