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domingo, septiembre 6, 2026

En Salta, la capitana Cristina ya no tiene quien le escriba

La designación de Juan Manuel Urtubey como candidato a senador terminó de dinamitar lo que quedaba en pie del peronismo salteño. La decisión de Cristina de intervenir desde lejos, sin comprender el mapa local, dejó al kirchnerismo en ruinas.

La candidatura de Juan Manuel Urtubey por Fuerza Patria fue la chispa que encendió la mecha. El peronismo salteño, que ya venía maltrecho, terminó implosionando por completo. De ninguna manera el exgobernador podía convertirse en el representante del espacio: su pasado lo condena y sus declaraciones beligerantes contra Cristina Fernández de Kirchner le cerraron todas las puertas del kirchnerismo más ortodoxo.

La decisión de la propia Cristina de dejar afuera de las listas al senador nacional Sergio Leavy fue el golpe final. Con esa jugada, el Partido de la Victoria dio el portazo y se retiró de Fuerza Patria. Tras él, se fueron también el Partido del Trabajo y del Pueblo, el Frente Grande y Unidad Popular. Todos espacios que históricamente se mantuvieron bajo el paraguas K, pero que esta vez dijeron basta.

Leavy viene mostrado una sintonía mucho más fina con Axel Kicillof. Las fotos junto al gobernador bonaerense en redes sociales no fueron casualidad: representaban una manera de decir presente dentro del peronismo, pero también de marcar diferencias con un cristinismo que ya no escucha ni a los suyos.

Tampoco Emiliano Estrada logró posicionarse como la voz de Cristina en Salta. A pesar de sus vínculos con La Cámpora nacional, su perfil personalista y su escasa base territorial lo dejaron solo. Sin estructura, sin militancia, y con la ilusión de representar un proyecto que en Salta nunca terminó de nacer.

Cristina, una vez más, demostró no tener noción de lo que realmente ocurre en esta provincia. Pretender ordenar el peronismo salteño desde el escritorio porteño (ahora en San Juan 1111) es desconocer su propia historia: los problemas del peronismo local se resuelven entre peronistas locales, no con bajadas de línea desde Buenos Aires. La imposición vertical, sin diálogo ni comprensión de los matices provinciales, se volvió un error político repetido y desgastante.

Muchos dirigentes se cansaron de “comerse sapos”. Ya lo hicieron con Pamela Calletti, Pablo Outes y Yolanda Vega, que a los pocos minutos de conquistar sus bancas cambiaron de camiseta. Los reproches se acumulan: los “sapos” de Scioli, los “sapos” de Alberto Fernández, y ahora el de Urtubey. Después de tantas imposiciones y desconexiones, al menos en Salta, la capitana Cristina ya no tiene quien le escriba.

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