No representa a los salteños, sino a un sector mucho más poderoso: las corporaciones mineras que la apadrinan. Su salto a la política electoral confirma que el litio no solo se exporta, también compra bancas.
Flavia Royón es, para muchos, un nombre que suena más en oficinas de multinacionales que en los barrios de Salta. Ingeniera industrial, con pasado empresarial y vínculos aceitados con las cámaras extractivas, fue funcionaria de Gustavo Sáenz y luego secretaria de Minería y Energía de la Nación en el gobierno de Alberto Fernández. Mantuvo ese cargo durante los primeros meses de Javier Milei. En cada cargo, su misión fue la misma: garantizar “seguridad jurídica” y “reglas claras” para las empresas que saquean el norte argentino.
Es por eso que su candidatura al Senado no sorprende. Responde a una estrategia cristalina: asegurar que el lobby minero tenga representación directa en el Congreso. No se trata de “defender los recursos salteños”, como suele repetir en campaña, sino de garantizar que los marcos normativos nacionales nunca incomoden a las multinacionales que se llevan el litio y el cobre a precios de ganga.
Siempre lobista de las mineras, Royón ninguneó el conflicto social que alimentó la minería en Uspallata en 20 años de idas y vueltas tras bambalinas, con prácticas intimidatorias y represivas, muchas veces amparadas y otras ejecutadas desde el aparato del Estado.
La blonda ex funcionaria nacional se mostró siempre hábil para el manejo de las relaciones empresariales con los despachos públicos. Había conquistado una banca en la Cámara de Diputados de Salta, pero pretende no asumirla. Pretende llevar el lobby directamente al Congreso.
Bajo su gestión, la minería en Salta se expandió con beneficios impositivos, regalías mínimas y un blindaje discursivo que la pintaba como la salvación del futuro. Pero mientras las multinacionales celebraban, las comunidades originarias y los pueblos del interior denunciaban falta de agua, contaminación y cero desarrollo local. Ese desequilibrio es la mejor radiografía de su carrera.
En política, Royón nunca jugó para un proyecto provincial ni nacional de desarrollo con inclusión, sino para un bloque de poder mucho más rentable: el de las corporaciones. Y ahora, como candidata a senadora, busca que ese poder tenga una banca asegurada en el Senado, con sello salteño y voto minero.
En síntesis, no surgió de un partido político ni de una construcción social. Su origen está en las oficinas del litio, el cobre y el oro. Su candidatura al Senado revela quién manda en Salta: las mineras, no los salteños.
