En medio del recorte del servicio nocturno de SAETA, el diputado saencista se desentendió de una pregunta básica: cómo vuelve la gente a su casa. El conflicto sigue sin resolverse.
Antes de ingresar a la reunión de esta mañana entre diputados provinciales con SAETA y la AMT, que para colmo no dejó ninguna solución, el diputado ultrasaencista Gastón Galíndez eligió minimizar el problema. “No sé si tanto que no puede volver a su casa”, dijo cuando le preguntaron qué mensaje darle a quienes no pueden regresar a sus hogares, después de estudiar o trabajar por la noche.
“Las provincias no aguantan la asfixia del gobierno nacional”, dijo como primera medida, culpando al Gobierno nacional, en un intento de sacarle responsabilidad al provincial. Habló del combustible, de la quita de subsidios, del costo laboral, pero sacando del foco al Ejecutivo provincial, responsable directo del servicio de transporte de Salta.
Pero cuando la responsabilidad volvió a Salta, el tono cambió. “Lo administra el gobierno provincial, ¿no? Tiene que garantizar un servicio esencial”, le marcaron. “Es lo que está intentando hasta el momento, garantizarlo. Se sostiene hasta donde se puede”, respondió. Sin precisión, sin plazos, sin definiciones.
El problema es que mientras la política “intenta”, la gente resuelve como puede. La pregunta fue directa: qué decirle a quien hoy no puede volver a su casa. La respuesta, también: relativizar. Ni diagnóstico ni salida. Apenas una frase que esquiva el impacto real de la medida.
Galíndez insistió con el contexto nacional: “Si te quitan fondos nacionales y no vuelven… tenés que hacerte cargo de la salud”. Y agregó: “Más del 60% de las personas dejaron de ser atendidas en las obras sociales”. Todo suma, todo explica, pero nada resuelve el problema concreto de los colectivos que no pasan.
Incluso hubo espacio para cuestionar a los votantes: “La gente pensó que iba a ser bueno para el país, algunos votaron con odio, con bronca”. Pero cuando le recordaron que los legisladores de su mismo espacio acompañaron el presupuesto 2026, entre muchoas otras iniciativas de Javier Milei, la respuesta fue otra vez esquiva: “El presupuesto no se le puede negar”.
Después vino la reunión. Puertas adentro, legisladores, SAETA y AMT. Afuera, ninguna novedad. Ni anuncios, ni soluciones, ni certezas. Solo la confirmación de que, por ahora, el servicio nocturno sigue siendo un problema sin respuesta.
“Todo afecta”, cerró Galíndez, en otra definición general. Afecta a la educación, al trabajo, a la vida cotidiana. En eso no hay discusión. Lo que sigue faltando es lo otro: quién se hace cargo y cómo se resuelve.
El cinismo en las declaraciones de Galíndez llamó mucho la atención: decir que no se sabe si alguien puede volver a su casa, después de una noche donde eso efectivamente ocurrió, no es ingenuidad. Es una forma de tirar la pelota afuera y administrar la crisis desde la distancia.
