La politóloga Shagira Cortez analizó lo qué hay detrás de un fenómeno multicausal, presente en la opinión pública y del que poco se conoce realmente.
La politóloga Shagira Cortez analizó en Sapo de Otro Pozo, por Cadena Infinito 96.5 MHz., qué hay detrás de un fenómeno del que mucho se habla, pero poco se explica. Por definición, la inflación es la suma generalizada de todos los precios, que se manifiesta en una pérdida en el poder de compra.
En Argentina, un discurso predominante que ha monopolizado la explicación al respecto, el de las corrientes ortodoxas encarnadas por los monetaristas (léase, la derecha), que señala como su única causal a la emisión de dinero. Una explicación simplista, característica de los liberales, resaltó Cortez.
No es casual, dada la concentración mediática, que al consultar a salteñas y salteños sobre economía, aunque admitan desconocer el tema, coincidan en sus respuestas apuntando a la inflación y a la “la emisión de dinero” como su causante.
Como contraparte, continuó la politóloga, se ubican los heterodoxos. Planteando una visión más integral, ponen de relieve la multicausalidad del fenómeno, vinculada a la variación en el tipo de cambio, las pujas redistributivas y demás. “Hay una franja de la población que no entiende de economía. Votar, votamos todos. Entonces, hay gente que está votando sin comprender del todo la realidad”, advirtió la columnista.
Punto por punto
La cadena de causalidades elaborada por los monetaristas, se resume de la siguiente manera: el exceso de gasto público provoca déficit fiscal, el déficit fiscal se financia con emisión de dinero, y esta emisión de dinero genera inflación. Esa explicación, sin embargo, “no es tan así”.
En primer lugar, es necesario aclarar que, según se informa en el sitio web del Ministerio de Economía, el 46% del total del presupuesto va a Servicios Sociales. Dentro de ese total, el 55% financia el sistema previsional. Es decir que cada vez que hacemos alusión al gasto público de manera despectiva y acusatoria, estamos señalando a la fracción poblacional que integran las personas jubiladas.
Por otra parte, si hablamos de la eficiencia de la gestión pública, basta referirnos a Vaca Muerta y la diversificación de nuestra matriz productiva que representa, con un incremento en el ingreso de dólares, hoy dependiente exclusivamente del campo, “que trae dólares estacionales, ya que el flujo no es constante, y en el caso del gas y del petróleo será distinto, y será por la inversión del Estado”.
La maquinita
Para hablar de déficit fiscal, es preciso aclarar algunas cuestiones sobre el gasto que realiza el Estado para impulsar la actividad económica, en el caso de gobiernos de corte progresista, que incluye la compra insumos, la contratación de personal, todo con el fin de mejorar los niveles de recaudación.
Si el punto es cómo se financia el déficit, los ortodoxos sostienen que la principal manera de es con la emisión de dinero. Existen, sin embargo, otras dos maneras. Una es la emisión de deuda, que puede ser para invertir en infraestructura o para financiar deuda, como ocurrió durante el macrismo. La tercera, es con la capacidad recaudatoria del Estado. De más está decir que la presión fiscal de Argentina en 2021 era del 29,1%, frente a cifras como las de Finlandia con el 43% o Alemania con el 42,2%.
Nos encontramos con dos grandes problemas en la Argentina: la capacidad creativa de las grandes empresas para evadir impuestos (contrabandeando granos, subfacturando, etcétera) y la informalidad laboral, que tampoco contribuye al proceso de recaudación. Además, tenemos un sistema regresivo que no cobra más impuestos a quien más tiene, sino que cobra a todos más o menos por igual, con un impacto negativo en aquellos sectores que cobran la mínima y que no disponen de una gran capacidad de ahorro, por ejemplo.
Curiosamente, ante iniciativas como el cobro de un impuesto a las grandes riquezas, por única vez, hubo un marcado rechazo en la población al grito de “con los empresarios no se metan”. “Eran 12 mil personas que tenían un patrimonio de más de 200 millones de pesos”, precisó Cortez.
Igualmente, vale aclarar, “una cosa es que haya emisión, otra cosa es que circule, y otra cosa es que circule para determinados consumos”. Además, es necesario mencionar el mecanismo multiplicador de los bancos al circular el dinero que se deposita en esas entidades, generando lo que se conoce como emisión secundaria. La gran pregunta que hay que hacerse es qué emisión está descontrolada, subrayó la columnista.
Paradojas
A la hora de la formación de precios, no hay que dejar afuera de la ecuación al fenómeno de la concentración de la producción en la Argentina, especialmente de alimentos, donde unas 20 empresas concentran el 75% de todas las ventas de supermercados.
“Hay una paradoja en Argentina, porque cuando el Estado quiere intervenir, la gente se enoja”, analizó Cortez para quien, a luz de los resultados de las PASO, “hoy el pueblo está apoyando a un modelo que busca profundizar lo que ya ocurre, que cada uno cobre lo que quiera”.
Pidió “empezar a poner en agenda los privilegios del gran poder económico que a nosotros no nos genera ningún beneficio”, tomando en cuenta, especialmente, el impacto de los impuestos en la matriz productiva del país.
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