Pese al papelón electoral del 26 de octubre, el exgobernador ya se mueve como candidato en un peronismo que perdió brújula y estructura. Busca quedarse con la presidencia del PJ para encarar su operativo retorno.
Juan Manuel Urtubey no perdió un minuto en lamerse las heridas. Apenas pasó la derrota nacional del 26 de octubre, una de las peores performances políticas que tuvo, el exgobernador salió nuevamente a la ruta con un objetivo claro: recuperar el control del Partido Justicialista y volver a instalarse como la figura central del peronismo de cara al 2027.
Mientras muchos todavía hacen cuentas para entender cómo el PJ salteño terminó reducido a un cascarón vacío, Urtubey emprendió una recorrida discreta por varias localidades del interior. Lo suyo no fue casualidad: besos, saludos, abrazos y reuniones a puertas cerradas con la militancia que aún le responde. Está reconstruyendo lo que queda de su estructura, intentando mostrar que aún tiene territorio donde pisar.
El movimiento no es menor. La presidencia del Partido Justicialista está vacante y sin liderazgo real hace tiempo. Y Urtubey quiere ocupar ese vacío. Su plan es claro: quedarse con el PJ y reordenarlo a su medida y desde allí proyectarse hacia una candidatura provincial que lo vuelva a poner en la línea de largada para 2027.
Pero el tablero no es tan simple. Muchos dentro del peronismo señalan que su figura carga todavía con el desgaste acumulado de sus tres mandatos y con el recuerdo fresco de una carrera nacional que no prendió en ningún lado. Otros, en cambio, ven que es el único con algo de estructura para evitar la desaparición definitiva del PJ salteño.
Lo cierto es que Urtubey ya está jugando. Sin sutilezas, sin pausas y sin esperar consensos. Volvió al interior, mide fuerzas y busca disciplinar a lo que queda del peronismo. Su ambición no se apaga y su estrategia ya está lanzada: retomar el partido para volver a gobernar la provincia.
