Siempre la secretaria de Ambiente administró el negocio de los grandes productores. Pero nunca con tan poco disimulo como actualmente. Sin pudor, ni maquillaje pasó a funcionar, abiertamente, como una oficina al servicio de la entidad de los patrones de estancia locales.
En ese esquema, su titular, Alejandro Aldazabal, es una pieza justa para el momento. Fue consultor del grupo Cresud, uno de los gigantes del agro argentino, dueño de extensiones enormes de tierras en la provincia y relacionado con la constelación de distinguidos productores salteños.
Es decir que el funcionario que debe controlar los desmontes, exigir estudios y frenar abusos es el mismo que durante décadas trabajó para quienes hoy necesitan de su aval. Y así lo demostró con la elaboración del reciente Ordenamiento Territorial de Bosques, el cual dejó dormir un año y luego fue aprobado de un día al otro.
Mientras tanto, le habría dicho a sus amigos que se apuren y presenten si o si sus expedientes, aunque estén atados con alambres. Apuraron antes de que cambien las reglas, sabiendo que con el nuevo esquema no iban a pasar.
La relación con la Sociedad Rural, como quedó dicho no es nueva. Pero ahora es directa, sin escalas. Con el desembarco de Ignacio Lupión en la cartera de Producción quedó en evidencia que la entidad de los patrones de estancia en Salta está pesando en el gobierno.
El socio de MDay pasó de presidirla a ser ministro. Cambió el cargo, no los intereses. Desde ahí, el circuito se volvió corto. Aldazabal se mueve cómodo en ese engranaje. Siempre trabajó de ese lado y ahora con viento a favor con más razón.
En las oficinas de Santiago del Estero al 2200 ya se siente el cambio de aire. Profesionales formados para evaluar impactos ambientales fueron vaciados de funciones, empujados a tareas administrativas o directamente apartados.
Presiones, aprietes e impunidad es lo que se respira. El Director de Bosques fue desplazado por no querer hacer campaña para los candidatos saencistas en las últimas elecciones. Una jefa de programa con más de diez años también fue separada; el que no encaja en el festival de irregularidades es invitado no tan amablemente a retirarse.
No sorprende entonces que la secretaría al mando de Aldazabal haya cerrado el año celebrando en el salón de fiestas de la mismísima Rural. Cuando los gestos son tan explícitos, no es necesaria demasiada semiótica.
Con estos muchachos al mando de un sector clave, sin auditorías, y con la Ley de Bosques en agonía, hay vía libre para el sector del agronegocios. El ordenamiento, en vez de ordenar, sirvió para correr el límite de los que manejan las tierras.
