Miguel Isa ya afirmó que quiere ir por la gobernación el año próximo y en las últimas semanas apareció intentando limpiar su imagen en varios medios. A diferencia de lo que ahora resalta, su gobierno en la ciudad no estuvo marcado por la equidad sino por los enormes negociados: la entrega de edificios públicos fue el monumento a la corrupción que nos dejó.
Luego de que refrescáramos la memoria sobre quién es Miguel Isa han aparecido notas en otros medios digitales intentando limpiar el pasado oscuro que tiene el ex intendente de capital. Al aparecer, los encantos del actual vice-gobernador, y ya lanzado candidato para las elecciones de 2019, vendrían por el lado de la empatía con el pueblo. “Para entender al pueblo hay que ser del pueblo”, declaró en una de las tantas publi-notas, en las cuales, dicho sea de paso, no habló más que generalidades, sin presentar una propuesta política seria.
Lo cierto es que, ese sujeto normal que aparenta en público, lejos está de haber mantenido un gobierno equitativo y sin manchas de corrupción. Solo para mencionar un caso cabe recordarle que fue él quien entregó escandalosamente inmuebles de absoluto valor patrimonial para la ciudad. Lugares en pleno centro donde hoy podría funcionar una escuela de Cine o algún museo hoy son unos centros comerciales. Lo realizado fue sencillamente un monumento a la corrupción y demostró las perspectivas de bajo vuelo que tiene. Naturalmente hubo beneficiados de esa operación y sin dudas el mayor fue el empresario jujeño, Roque Lozano.
Ya en ese entonces, en el año 2006, el hecho suscitó una cadena de denuncias por las irregularidades manejadas en el traspaso de las propiedades de peatonal Florida 62 y 86, y de otros tres inmuebles, donde hoy funciona una lujosa galería con puestos comerciales.
El “intercambio” se hizo por el terreno para la construcción del hoy Teatro Provincial y del Centro Cívico Municipal, un inmueble valuado en mucho menor valor que los entregados.
En ese entonces el empresario Lozano presentó un proyecto de remodelación y ampliación de los edificios prometiendo preservar sólo las fachadas. Horas pasaron para que que diecinueve ONG formaron la Comisión Permanente en Defensa de Salta, para frenar al empresario.
La Comisión, en ese entonces, realizó gestiones para asegurar la protección de estas locaciones, consideradas patrimonio histórico a nivel arquitectónico. En ese marco, la jueza Stella Maris Pucci de Cornejo ordenó al municipio abstenerse de autorizar cualquier modificación, construcción, demolición o intervención arquitectónica o edilicia en los hasta tanto no intervengan la Comisión Honoraria prevista en la ordenanza 4286 y la Comisión de Preservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico de la Provincia de Salta (COPAUPS), creada por ley 7418. Eso hoy, se puede ver que no fue: la fachada se mantuvo en parte, el interior se remodeló completamente.
Todas las obras que Isa le entregó a Lozano suman un total aproximado de $15.000.000 y la propiedad que el empresario entrega a la comuna está valuada, según el convenio, en $21.300.000, es decir que había una diferencia a favor de Lozano de $6.800.000 que fue pagada en efectivo.
La crítica no vino sólo por la modificación de fachadas de edificios históricos, sino y, más grave aún, de lo poco favorecedor que habría resultado el acuerdo para el municipio. En un artículo publicado en el semanario Cuarto Poder, se señalaba que: “ (parecía que) Lo que a la vista sugería un buen negocio para la capital, pero sin tener en cuenta las ubicaciones de los inmuebles que dejarán de ser estatales, como el caso puntual de Florida 62 y Florida 86 (pleno centro de la ciudad y con un valor adicional por encontrarse en el corazón comercial de la ciudad), sin mencionar que en Santa Fe y San Luis la comuna dispone casi una manzana completa, donde, según sostienen algunas fuentes consultadas, bien se podría haber llevado adelante la obra en cuestión”, criticando la adquisición y entrega de bienes inmuebles valuados por mucho más que por los que los entregó la gestión de Isa.
Aunque ahora quiera posar como un hombre que hizo carrera desde la pobreza, ha sido el responsable de una de las entregas más cuestionadas y perjudiciales para el patrimonio de la Ciudad que se han conocido en los últimos años.
Isa no significaría bajo ningún aspecto, una renovación en la “clase social” que ha manejado Salta durante, al menos, los últimos 50 años.
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