A setenta y siete años de La Comunidad Organizada, la única traición real al pensamiento de Perón es haberlo invocado sin leerlo.
Hay una fecha que el peronismo debería celebrar con más fervor que cualquier aniversario electoral: el 9 de abril de 1949. Aquel otoño mendocino, ante los filósofos más relevantes del mundo occidental, Juan Domingo Perón pronunció en el Teatro Independencia de Mendoza la conferencia que sintetizó, con rigor filosófico, las bases del justicialismo. Hoy, setenta y siete años exactos después de aquella conferencia magistral en la Clausura del I Congreso Argentino de Filosofía (UNCuyo), la mayor paradoja de nuestro Movimiento es que el texto fundacional es incomparablemente más moderno que el partido que hoy lo reivindica.
Aquí no se trata de traiciones o de ejercicios de revisionismo, se trata de pensar, por primera vez en nuestra Historia, en una modernización del Partido Justicialista que cumpla de manera acabada con lo postulado en aquella conferencia. Nada más; pero nada menos.
«La Comunidad Organizada es más moderna que el partido que la reivindica. Perón nos dejó un mapa pero el partido construyó un laberinto.»
- Los postulados fundamentales
La doctrina es como una estructura de hormigón que reposa sobre tres ejes filosóficos que ninguna modernización puede remover sin destruir el edificio completo.
El primero es reconocer a la persona humana como valor supremo. No el Estado, ni la conducción, ni el partido. El segundo es afirmar el tránsito del yo al nosotros sin la aniquilación del individuo. No como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva. El tercero es la consolidación de la Tercera Posición como epistemología política que rechaza los dogmatismos de ambos extremos, comunismo y capitalismo, y exige pensar desde las condiciones concretas, las condiciones de contorno, de cada pueblo.
A la comunidad organizada, advirtió Perón con precisión impropia de un hombre de Estado, se llega desde abajo, no desde arriba. El Estado, en esta concepción, tiende a fusionarse con el Pueblo en la medida en que la cultura organizada de ese pueblo alcanza la madurez. Es muy difícil imaginar enunciado más contrario al hiperpresidencialismo, al clientelismo al que mutaron las unidades básicas y al insoportable verticalismo que han dominado al Partido Justicialista durante décadas.
- Las Diez transformaciones fundamentales
La modernización del Partido Justicialista exige, al menos, diez transformaciones de fondo.
- Del partido de afiliados al partido de ciudadanos vinculados. La unidad básica o las agrupaciones como nexo clientelar a cargo del puntero de turno debe ser reemplazada por una plataformas de participación deliberativa descentralizadas. La tecnología permite formatos ampliables a escala provincial y nacional. No hay nada más peronista que la democracia desde el Pueblo hacia el Pueblo.
- Del caudillismo vertical al liderazgo colectivo. El mesianismo del conductor único fue una condición histórica coyuntural del siglo XX, no un principio filosófico. La Comunidad Organizada no postula la necesidad de un caudillo o un conductor, postula la necesidad de un pueblo con conciencia de sí mismo. La modernización exige multiplicar a gran velocidad cuadros filosófica y políticamente formados y anular a los operadores electorales actuales que en la mayoría de los casos no tiene idea de por qué son justicialistas y poseen una plasticidad ideológica alarmante.
- De la economía del subsidio a la economía de la capacidad. La justicia social del siglo XXI debe resignificarse en clave de capacidades. Capacidades descritas en el enfoque descrito por el economista Amartya Sen y que curiosamente converge con los análisis antropológicos de 1949. No sólo redistribuir el consumo, sino también redistribuir el poder productivo, el conocimiento tecnológico y el acceso a los medios de producción. El cooperativismo, aunque en estos tiempos oscuros haya degenerado hacia formas afines con la izquierda y un falso conservacionismo anti tecnológico, es la forma de organización más coherente con la comunidad organizada en una economía de mercado y la más perfecta.
- Del Estado omnipresente al Estado estratégico. El Estado peronista moderno no debe ser el Estado que lo expropia todo, sino el que garantiza condiciones de igualdad en un entorno donde las personas puedan realizarse completamente. Es un regulador, un guardián fuerte pero no el administrador directo de cada bien.
- Del antiimperialismo retórico a la soberanía tecnológica efectiva. La Tercera Posición planteada entonces se jugaba en el año 1949, en el tablero de la Guerra Fría. En 2026 se juega en la soberanía de datos, en la inteligencia artificial, en la infraestructura digital y en la cadena completa de valor de los recursos estratégicos, por ejemplo, el litio. Un Partido Justicialista moderno con verdadera vocación de poder necesita una doctrina de soberanía tecnológica tan articulada como la que Perón tuvo en materia de industria pesada. Para ello hay un camino largo y tortuoso de las reformas estructurales impuestas durante la dictadura y continuadas por el infame traidor Menem, por Macri y más cerca por Milei.
- Del movimiento como dogma de fe al movimiento como sistema de contención. El feminismo, el ambientalismo y las nuevas formas de identidad colectiva son, leídas desde la antropología, expansiones del reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Un Partido Justicialista moderno puede y debe contenerlas pero con coherencia filosófica, no con el eclecticismo oportunista de las últimas décadas.
- Formación doctrinaria de alta exigencia intelectual. Un partido que no forma política y filosóficamente a sus cuadros no tiene doctrina: tiene consignas, en general vacías y que no resisten el más mínimo análisis. La modernización exige multiplicar escuelas de formación del nivel de una Escuela de Gobierno, capaces de producir pensamiento propio y análisis exhaustivo sobre los desafíos del presente.
- Transparencia y coherencia como condición de legitimidad. La corrupción y la incoherencia en los actos de gobierno no son solo problemas éticos, punible en algunos pocos casos, es una traición directa a la doctrina, porque destruye la confianza que hace posible la adhesión y consolidación de la comunidad como un todo. Perón sostenía que los valores morales deben oponer un muro infranqueable al desorden. Un Partido Justicialista moderno institucionaliza mecanismos de control interno y auditoría que no dependan de la voluntad del conductor de turno.
- Reforma orgánica permanente. Las cartas orgánicas tanto nacionales como de distrito deben incorporar mecanismos de revisión periódica obligatoria, con participación real y transversal de las bases, éstas concebidas en el sentido moderno explicado anteriormente. La rigidez estructural como la que actualmente tiene nuestro partido, es el principal enemigo de una doctrina que, por definición, es dinámica.
- Internacionalización doctrinaria latinoamericana. La Tercera Posición tiene vocación continental. Un Partido Justicialista moderno debe articular, desde abajo, una red de movimientos latinoamericanos con coherencia filosófica afín. No la Internacional Socialista ni el Foro de São Paulo, sino una nueva forma de solidaridad que parta de la autonomía identitaria de cada comunidad nacional. En un artículo anterior ya postulé que el peronismo es el destino inexorable de todos los sistemas políticos y eso, por supuesto, incluye a Latinoamérica.
«De haber seguido aquellas coordenadas, el Movimiento se habría ahorrado sus dos grandes extravíos: la violencia fratricida de los setenta y el liberalismo vendepatria de los noventa.»
III. La paradoja final
Una voz lúcida lo anticipó hace ya tiempo: de haber seguido aquellas coordenadas trazadas en Mendoza, el Movimiento se habría ahorrado sus dos grandes extravíos históricos: la violencia fratricida de los años setenta y el liberalismo vendepatria que lo cercó durante los noventa. El diagnóstico sigue vigente.
La modernización del Partido Justicialista lejos de ser una traición a Perón es, acaso, su primera realización coherente. Todo lo que el partido necesita para sobrevivir al siglo XXI ya fue dicho aquella tarde de otoño, en el escenario del Teatro Independencia, ante los filósofos del mundo. El problema nunca fue la doctrina. Fue la incapacidad, o la deshonestidad intelectual, de encarnarla.
El mapa lleva setenta y siete años esperando que alguien, por fin, lo use.
por Flavio Gerez
09/04/2026
